FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Vannostende y el «efecto mariposa» | Francisco Pomares

Hace ahora poco más de un mes, Casimiro Curbelo logró el apoyo casi unánime del Parlamento regional –solo con la excepción de Podemos– a una proposición no de Ley defendiendo la excepción para Canarias en el precio mínimo de venta del plátano, que establece la Ley de la Cadena Alimentaria.

La Ley, que se tramita actualmente en las Cortes, regula que los productos agrícolas –entre ellos el plátano– no puedan venderse por debajo de un precio fijado. Por desgracia, lo que habría de constituir una buena noticia para los agricultores plataneros, es de hecho un drama: aunque se interpreta por algunos como una ventaja, el plátano no puede competir con precios mínimos con la banana centroamericana.

Los pequeños agricultores no estarían en condiciones de enfrentarse a esa situación y podrían desaparecer, y eso sólo beneficiaría a los grandes productores y comercializadores, que ganarían más tras una ‘limpieza’ del mercado.

Además, según los cálculos aportados por Curbelo, la implantación de la medida supondría la pérdida de exportaciones de plátano a la península por unos cien millones de kilos, que afectaría fundamentalmente a los pequeños agricultores de La Palma y el norte de Tenerife, y golpearía muy duramente a una actividad estratégica para Canarias, que sostiene más de doce mil empleos directos y cuatro mil más indirectos, además de suponer casi 200 millones de euros de salarios y cerca de 500 millones de aportación al PIB regional.

Curbelo se refirió al impacto sobre la economía de las islas que produciría la pérdida de esos cien millones de kilos de plátano: supondría más desempleo y más pobreza, la pérdida de renta para muchas familias, y el abandono de fincas que hoy forman parte del paisaje y son una aportación a nuestro atractivo turístico.

Provocaría la ruina de La Palma, y un golpe de muerte a la agricultura de Canarias, pero también afectaría a nuestra economía de otras formas. Por ejemplo, por el ‘efecto mariposa’ que  provocaría en el coste de los fletes y de los productos que hoy llegan a Canarias, el que haya menos contenedores que se envíen a Madrid con plátanos y que –por tanto– haya también menos que regresen cargados con otras mercancías.

El precio de los productos se vería muy afectado por el incremento de los costes de transporte. “Las alas de la mariposa del plátano pueden hacernos perder conectividad, pueden encarecer las importaciones y pueden empobrecer aún más a los consumidores de estas islas, que ya están pagando una de las cestas de la compra más caras de España”, explicó Curbelo, que ofreció cifras de un estudio académico sobre el efecto de las exportaciones de plátano en el abaratamiento de las importaciones y su repercusión en el IPC.

La práctica unanimidad parlamentaria en la defensa del plátano, y la implicación de Ángel Víctor Torres en este asunto, chocan con la cerrazón del Gobierno de Madrid, que considera la cuestión otro capricho más de Canarias. Eso podría explicarse como un nuevo desentendimiento del Gobierno nacional hacia los problemas de las islas.

Pero lo que resulta realmente inadmisible es que la consejera de Agricultura, la palmera Alicia Vanoostende, conspire diariamente en sus declaraciones y actuaciones contra el mandato del Parlamento. Vaanostende entró en el Gobierno representando la cuota palmera y a petición de Anselmo Pestana, pero eso no legitima que prefiera asumir el papel de subalterna de Pestana al de consejera del Gobierno Torres.

Es por desgracia frecuente que las recomendaciones del Parlamento, cuando se enfrentan a ukasses de Madrid, no lleguen a prosperar. Pero que ocurra eso con la colaboración cómplice de una consejera del Gobierno, cuando el Gobierno apoyó la proposición no de Ley del Parlamento, es algo intolerable. Si doña Alicia persiste, debería dejar el Gobierno y pedir que la nombren subdelegada del Gobierno Sánchez en las islas. Total, ya ejerce.

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