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COVID | Canarias sigue sin tener en cuenta a sus veterinarios

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Canarias es una de las pocas comunidades españolas, junto a Galicia y Extremadura, que aún no cuenta con un plan específico para vacunar a los trabajadores sanitarios del sector veterinario. El Colegio Oficial de Veterinarios de Tenerife explica hoy, Día Mundial de la Salud, que «pese al riesgo que esto implica para la salud humana y para la propagación de la COVID, ni los veterinarios públicos ni los privados saben aún cuándo van a ser vacunados y no es que pidamos ser los primeros porque sabemos que hay sectores prioritarios: pedimos ser parte del plan, estar en el calendario. La Ley dice que somos sanitarios. Nuestro día a día consiste en preservar la salud animal y humana y lo que exigimos es que se nos permita realizar nuestro cometido en toda su extensión porque esta sociedad, la canaria, no merece menos».

Muchos países occidentales ya están tomando en consideración la gran importancia que tiene la vacunación de los veterinarios. Francia se ha puesto de su lado, vacunándolos y aceptando su propuesta a la hora de ayudar en la campaña de vacunación masiva tan pronto se cumplan las garantías legales para ello. Por su parte, EEUU ha ido más allá e incluso están vacunando a algunos animales contra el COVID, además de a los propios veterinarios.

Y sin salir de nuestras fronteras, en buena parte de las comunidades autónomas españolas se ha tomado también en cuenta la importancia de vacunar a los veterinarios.

Por ejemplo, en Córdoba incluso se ha programado la vacunación de estudiantes de último año de la carrera universitaria de Veterinaria. Madrid no sólo vacuna a sus veterinarios, sino también al personal auxiliar de las clínicas y desde casi todo el territorio nacional se mira con desconcierto la forma de actuar en el archipiélago canario.

Los representantes de los veterinarios se preguntan «por qué el Gobierno de Canarias considera que para esta comunidad no es tan importante inmunizar a este colectivo sanitario y por qué desdeña el riesgo al que puede someter a su población al actuar a contracorriente de las tendencias nacionales e internacionales.

No inmunizar a personal sanitario que ha formado y sigue formando parte de la primera línea de defensa ante este tipo de enfermedades zoonóticas (de origen animal) implica someter a un riesgo mayor a profesionales imprescindibles en sectores estratégicos como la seguridad alimentaria, la ganadería o el cuidado de los animales de compañía que conviven en estrecho contacto con millones de familias que a su vez interaccionan con un elevado grado de proximidad con sus médicos veterinarios, porque en las consultas lo habitual es que el familiar sujete a la mascota mientras el veterinario realiza su trabajo.

Los efectos devastadores del COVID-19 han evidenciado la importancia de contar con los medios adecuados para la prevención y reacción ante enfermedades zoonóticas, como la causante de esta pandemia. El Colegio de Veterinarios explica que «somos el principal garante de la salud animal, sí, pero también está en nuestras manos el control alimentario en general desde las granjas a nuestras mesas. Una de las funciones esenciales de los veterinarios es la prevención y lucha contra las enfermedades de los animales, particularmente las zoonosis, así como el desarrollo de las técnicas necesarias para evitar los riesgos que la vida animal y sus enfermedades pueden producir en el hombre. Por eso es importante la inmunización de los veterinarios en ejercicio: por nuestra propia seguridad, por la de aquellos que interactúan con nosotros y por la de todos aquellos cuya salud depende de que los veterinarios podamos realizar nuestro cometido: velar por la salud de todos, animales y personas».

No podemos olvidar que el hito más importante de este Covid-19, se produjo al pasar el virus de una especie animal a otra, la humana. De hecho, el Covid ya nos ha demostrado que es capaz de afectar a especies muy variadas, aumentando el riesgo de producir nuevas mutaciones aún más peligrosas que las conocidas actualmente. En todas ellas hay un factor humano presente, normalmente encarnado en la figura de un veterinario que actúa en primera línea tanto desde el cuidado y la vigilancia como desde la investigación.

«Los veterinarios forman parte de las profesiones sanitarias que interactúan con especies que pueden padecer el COVID19, tanto personas potencialmente infectadas como animales que pudieran trasmitirlo. Es verdad que las medidas que ha tomado el sector desde el comienzo de la pandemia han sido extremas porque sabemos que somos esenciales y el riesgo que corremos, pero sabemos también las dificultades existentes a la hora de enfrentarse a los coronavirus y los problemas de subestimar su capacidad de contagio. No pedimos ser los primeros, pedimos saber cuándo y que se tomen en consideración dos cuestiones: nuestro nivel de riesgo y la importancia de nuestra labor para la sociedad».

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