FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | La razón en quiebra | Francisco pomares

El sorpresivo anuncio del PSOE y Ciudadanos de una doble moción de censura para echar al PP del Gobierno y el Ayuntamiento de Murcia precipitó ayer la reacción de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de Madrid, para disolver la Asamblea y convocar elecciones.

Díaz Ayuso intentaba con ello evitar otra moción de censura contra ella, en una reacción que fue inmediatamente publicitada en rueda de prensa. Sin embargo, mientras Ayuso se dirigía a los madrileños y les explicaba los motivos de su decisión de convocar elecciones –una nueva atribución de los reformados Estatutos de Autonomía, que contempla también el Estatuto canario– el PSOE y el partido de Errejón presentaban la censura contra ella en el registro público de la Asamblea, adelantándose a la publicación del decreto de disolución en el Boletín Oficial de la Comunidad.

La Mesa del Parlamento, en la que PSOE y Ciudadanos tienen la mayoría, no ha aceptado su disolución, porque entiende que la moción de censura se presentó –formalmente– antes de que se publicara el anuncio de adelanto de elecciones, y por lo tanto se ha suspendido la posibilidad de celebrarlas, dado que no pueden ser convocadas en medio de una moción de censura. En esta tesitura, Madrid se encuentra ahora –como la Venezuela de Guaidó y Maduro– con dos poderes que no se reconocen el uno al otro: el de la presidenta, convencida de que su convocatoria es firme y la Asamblea tiene que disolverse, y el del presidente de la Asamblea, diputado de Ciudadanos, que no acepta la autoridad de Ayuso.

Afortunadamente, en España siguen existiendo tribunales independientes, que serán los que darán finalmente la razón a una de las dos partes. Afortunadamente también, lo que dictaminen los tribunales –sea lo que sea– será aceptado por la mayoría de sus señorías, y este bochornoso episodio quedará apenas como la enésima demostración de que la política española logra superarse a sí misma en envilecimiento, desinterés por la ciudadanía y capacidad de acrecentar la miseria.

Lo ocurrido permite dos reflexiones de camino: una, referente al irresponsable error cometido por el PSOE al intentar el desalojo total del PP de las instituciones en las que aún gobierna. Esta es quizá una oportunidad parar destruir políticamente al PP, pero no va a hacer que su electorado se vuelva precisamente de izquierdas. Muy al contrario, va a provocar una creciente radicalización de los votantes del PP. Si el PSOE considera que alimentar el voto a Vox es una estrategia correcta, deberían pensar en que esa misma estrategia ya fue utilizada por los socialistas franceses con Le Pen y hoy los socialistas han sido reducidos a la inoperancia política del melenchonismo, como cuarta fuerza política nacional.

La otra reflexión vale para Ciudadanos: el comportamiento de Inés Arrimadas al pactar con el PSOE una operación de desalojo de sus aliados conservadores no es que sea errático, es que es ciego y desesperado, certifica la desaparición de Ciudadanos como partido a tener en cuenta, e incapacita a sus líderes para incorporarse a una futura e inevitable operación de reorganización política de la derecha.

Supongo que para los dirigentes de la izquierda esa es una estupenda noticia, pero no lo es para la gente razonable de cualquier ideología. Las sociedades precisan de partidos fuertes, que actúen con lealtad al sistema y favorezcan alternancias en el poder. Las operaciones de derribo del adversario se saldan con odios sarracenos y voluntad de revancha, de las que este país en crisis debería protegerse.

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