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ENTREVISTA | Simón Higuera: «Este año no hemos hecho ningún concierto, pero en un año normal hacemos más de 200»

EBFNoticias | Tachi Izquierdo | 

La situación económica derivada de la pandemia provocada por la Covid sigue causando verdaderos estragos en la economía canaria. Hay sectores que arrastran a otros, y sectores que dependen de otros, una cadena que, de seguir algunas de las restricciones que están padeciendo algunas actividades, saltará por los aires y es probable que cambie el panorama empresarial tal y como lo conocíamos hasta ahora.

Una de esas actividades que genera economía y puestos de trabajo, y que en la actualidad tiene paralizados a sus más de 20.000 empleados en las islas, y con gran parte de ellos y ellas pendientes de los Ertes y su prórroga, es el de la imagen y sonido, muy vinculado a la cultura, un segmento que ha sufrido, tal vez, las restricciones más duras por parte de la administración.

Los protagonistas de esta actividad vienen desde hace mucho tiempo lanzando un grito desesperado en favor de la cultura como un sector seguro, pero sus quejas no han sido escuchadas, y cambio tienen que bregar con la pérdida paulatina de su actividad y la destrucción de empleo. 

En las islas hay en la actualidad, alrededor de 250 empresas que se dedican a los montajes de espectáculos, muchas de ellas dedicadas a pequeños eventos, pero también las hay de tamaño medio o sociedades más competitivas que pueden hacer frente a eventos de calado internacional, haciendo grandes inversiones económicas que les permiten mantener vivas en Canarias propuestas de primer orden y competitivas.

Este puede ser el caso de una de las empresas de sonido de las islas que mayor esfuerzo ha realizado para estar en lo más alto de la profesión, a donde ha llegado después de muchas inversiones y sacrificios. Como todas, Sonoplus Canarias fue en sus inicios una pequeña empresa familiar, a la que la propia realidad le ha ido exigiendo crecer para no quedarse en el camino. Su propietario y gerente, Simón Higuera, lleva ya más de cuatro décadas en el sector, buena parte de esos años junto a su padre, Amado Higuera. 

Él constituye la segunda generación dedicada a la profesión, conformando esa legión de profesionales que en las fiestas son capaces de desplegar toda una suerte de artilugios que hace que las cosas cambien y sean mejores.

Higuera cuenta con más de 30 empleados y unas inversiones que le han convertido en una de las propuestas del sector con la que siempre hay que contar, puesto que su actualización es permanente y puede hacer frente a las mayores exigencias y retos que le puede plantear el mercado del espectáculo.

Pero, lamentablemente, todo ese esfuerzo y sacrificio, en estos momentos, de poco valen. Con un sector cultural paralizado y con sus trabajadores en ERTE, solo le queda ver cómo cada día, si no se pone remedio, se desmorona lo que tanto esfuerzo ha requerido, puesto que todas las exigencias recaen sobre él, mientras las Administraciones o no toman decisiones o las que impulsan, son contradictorias.

Mientras, Simón Higuera debe afrontar los recibos de los préstamos o de los impuestos que no fallan en su puntual ceremonia mensual, pero los protagonistas de espectáculos de los que se nutre su actividad, siguen sin una solución que los saque de este hastío.

¿En qué ámbito trabaja su empresa?

Desde cosas muy pequeñas, que puede ser colocar un micrófono y dos altavoces, hasta el Carnaval y grandes conciertos que se celebran en las islas. Cualquier concierto o evento que precise material de primera calidad, casi siempre estamos ahí.

Para estar a esos niveles, ¿deben estar de manera permanente haciendo esfuerzos económicos e inversiones?

Con una empresa de este tipo, como mínimo, cada año, le inyectamos entre 600.000 y 700.000 euros para poder estar a la última.

¿Imagino que cada vez la tecnología y los avances son más exigentes?

Claro. Sobre todo en aspectos como las luces, que a cada rato hay un foco nuevo, que te lo piden los artistas, y hay que incorporarlo para que sigan contando con tu empresa.

Pero llegó el 2020, que acabamos de despedir, y ahí se ha paralizado todo.

Nosotros a principios del año pasado hicimos una primera inversión de 400.000 euros con nuevo material que estrenamos en los Carnavales, pero prácticamente solo pudimos hacer eso, porque de inmediato se paralizó todo. Las inversiones las tenemos que seguir pagando, y las hay que asumir con créditos que se pagan en varios años.

«El futuro que queremos es que haya trabajo. Ahora mismo, lo que hay son muchas dudas»

¿Ha habido algún tipo de ayuda para afrontar todo esto o les han dejado solos?

A nivel de la Administración, solo hemos contado con los Ertes. No ha habido más ayudas.

¿Pero, tampoco han sido una solución?

No, en absoluto. Luego están los créditos ICO, que tampoco son una solución, porque se trata de endeudarte aún más para pagar las deudas. Con los ERTE, con un solo trabajador que saques, pagas una parte proporcional de toda la gente que tienes en ERTE. Si tienes 30 trabajadores en esa situación, pues estas pagando unos 15.000 euros mensuales.

¿Y cuántos conciertos realizó durante el año pasado para hacer frente a cuestiones como esa?

Conciertos, ninguno. Se han hecho cosas muy pequeñas, pero poco más.

¿Y en un año normal, cuántos suelen realizar?

Este año no hemos hecho ningún concierto, pero en un año normal hacemos más de 200.

«Hay que tener en cuenta que en la Cultura nuestra parte es la industrial de la profesión, que es la que más inversión asume, pues afronta el empleo, las luces, escenarios, equipos, electricidad, etc.»

Siendo como es Sonoplus, una empresa puntera, si miramos a otras más modestas, ¿me imagino que también se pone en la piel de esos compañeros?

Claro. Porque el daño es proporcional. Pero también cuando eres Sonoplus ya te ponen la etiqueta de que eres caro y, a lo mejor, y no digo que sea así, pero tal vez los pequeños saquen más rédito que los grandes, porque hablamos de un autónomo. Nosotros tenemos una plantilla grande, de 37 personas, de los cuales a 7 ya se les ha cumplido en contrato y los 30 que quedan son indefinidos.

Sin que suene a amenaza, ni con doble intención: ¿Y cuál es el futuro de esos 30 trabajadores?

El futuro que queremos es que haya trabajo. Ahora mismo, hay muchas dudas. Reyes está a la vuelta de la esquina, y para esa fiesta tenemos tres trabajos pendientes, pero, teóricamente, hasta el día 3 o 4 de enero, no sabemos si se puede hacer. Además, como mínimo, necesitaríamos para esos trabajos sacar a 5 chicos del ERTE, pero tenemos restricciones por ser un día festivo. Así las cosas, lo tenemos muy crudo. 

Vamos, que le tienen entre la espada y la pared, porque, por un lado le aplican las normas por la Covid y, por otro, la laboral.

Correcto. Y al trabajador también lo perjudican porque si lo sacamos por una semana, luego el ERTE no lo cobra hasta febrero. Ahí lo acabas de hundir.

¿A usted, la llegada reciente de las vacunas le da esperanzas o cree que la salida a esta situación va para largo?

Tengo esperanza al ver que se empieza a suministrar la vacuna, pero me temo que nuestra profesión será de las últimas en salir de esta crisis. Tal y como han puesto las medidas, no creo que sea algo inmediato. Creo que hasta junio haya mucho que decir. Habrá algunas cosas en programas de televisión, con carnavales y poco más. Lo  que son conciertos y grandes eventos, no se harán.

“También es verdad que desde las administraciones se han hecho promesas, que han echado a la gente para atrás a la hora de protestar. Pero luego no se han cumplido y seguimos igual que en junio de 2020”

¿Después de esta pandemia, para el sector del sonido y el espectáculo habrá un antes y un después, pues imagino que 2021 no será la salvación?

Personalmente creo que un nuevo año no será nuestra salvación. Hay que tener en cuenta que en la Cultura nuestra parte es la industrial de la profesión que, es la que más inversión asume, pues afronta el empleo, las luces, escenarios, equipos, electricidad, etc. Cuando se habla de 26.000 puestos de trabajos, gran parte de esta familia en Canarias se crea en la parte de imagen y sonido.

¿Usted ha echado de menos una reclamación en común, y me refiero a la parte artística y la técnica, en favor de la cultura segura?

Pues sí. También es verdad que desde las administraciones se han hecho promesas, que han echado a la gente para atrás a la hora de protestar. Pero las promesas no se han cumplido. 

¿Cree que ha habido por parte de la administración un intento de desmovilizar al sector con dichas promesas?

Yo entiendo que si. Tanto que, casi todas las organizaciones coinciden en ello: Que ha habido muchas promesas, pero seguimos igual que en marzo del año pasado. Seguimos con las mismas restricciones de junio y no se ha avanzado.

Es que estamos en un mundo de contradicciones. Mientras se restringen los espectáculos, podemos ver por la calle a cientos de negacionistas protestando contra las vacunas o el uso de la mascarilla.

Parece un contrasentido, igual que ocurre cuando te dicen que el mundo de la Cultura, que ha generado poca actividad, pero cada pequeña cosa que se hace, es bajo estrictos controles de seguridad. Ahí te toman la temperatura, te tienen que quedar durante todo el espectáculo en una silla o te toman la temperatura. Son las medidas lógicas en estos momentos, que se han adoptado, pero desde Sanidad no las toman en cuenta y no se puede hacer mucho. Pongo por ejemplo, el concierto de Pablo López, en el Recinto Ferial, donde caben 15.000 personas, pero este espectáculo era para 400 y se suspendió  tres días antes. Y así, todo. 

«Me da esperanza ver que se empieza a suministrar la vacuna, pero me temo que nuestra profesión será de las últimas en salir de esta crisis»

¿Ha faltado un punto intermedio para salvar a las 26.000 personas de este sector, que usted cree que se podrán salvar?

Todas creo que no. Una parte, si se abre y se deja trabajar, la podremos salvar. Un mes más de cierre es un mes más de pérdida de tejido empresarial y de puestos de trabajo. 

¿Qué porcentaje de pérdida o volumen de negocio ha perdido su sector?

Calculo que más de un 50%.

¿Y en la parte laboral?

Lo veremos cuando se acabe la cobertura de los ERTE. Su magnitud lo veremos, en el sentido de que cuando se anuncie que se acabaron los ERTE, se verá la capacidad de aguante de las empresas para sostener sus plantillas. Ahí vendrá el verdadero problema de la profesión. 

¿Si se acaban los ERTE y regresamos a la nueva normalidad, el sector cultural, ahora mismo, desaparecería tal y como lo conocemos?

Con las pérdidas ocasionadas, con las empresas pagando créditos, préstamos, la Seguridad Social, IRPF y todo lo que hay que pagar, si en febrero, sin trabajo, reincorporamos a todas las plantillas es posible que sí. Si ahora se paga una cantidad, en ese momento pasaría a ser el doble, directamente.

¿Y qué solución aportaría usted a las administraciones para que esto no acabe en hecatombe?

Solo se me ocurre la solución de las las vacunas, que es una de las pocas soluciones que hay y que, también se podría compaginar con una serie de criterios y medidas con las que se puedan llevar a cabo conciertos, aprovechando espacios muy amplios para albergar a menos personas o hacerlo en varias jornadas. Todo es posible aplicando medidas de distanciamientos y seguridad, pero lo que no se puede hacer es suspender por sistema, independientemente del aforo.

 

Algo habrá que hacer antes de que desaparezca un sector de la economía por completo.

He leído por ahí que hay 600 puestos de trabajo que se generan con la inmigración regular, y que hay que protegerlos, pero yo me pregunto qué es lo quieren hacer con quienes trabajamos de la Cultura, si es que lo que quieren realmente es vernos pidiendo comida en casas de acogida.

¿Habrá que tomar decisiones?

Si la situación continúa así, difícilmente lo soportará el país, porque no está en condiciones. En Canarias somos 250 empresas que se dedican a este sector que necesitan soluciones y una salida.

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