FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Negra, guapa y desorientada | Marisol Ayala

Ocurrió hace unos meses un domingo a la 13.00 horas, en el Parque Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria. Yo cruzaba la calle para entrar al Centro Comercial El Muelle y de pronto me llamó la atención una mujer negra, joven, con evidentes signos de haber bebido alguna copa de más.

Tropezó y su bono guagua fue a caer a la carretera. La mujer, menuda, de ojos grandes, intentó recuperarlo y acabó en el asfalto.  Estaba en la curva de una rotonda y corría peligro de ser atropellada.

Acudí a socorrerla. Le dije que se apoyara en mi brazo, recogí su bolso y subimos a la acera. No podía con su cuerpo y lloraba. Supe que quería ir a la parada de guaguas, que tiene un hijo de 14 años y a trompicones contó que venía de trabajar en un bar donde “hablo con hombres”.

Alterne, sospeché. Apenas hablaba español. Nos sentamos en un muro esperando que mejorara su estado. De su bolso medio abierto asomaban dos billetes de 50 euros. A duras penas pude saber su dirección, después de leer algo así como un DNI.

No dejaba de llorar, estaba asustaba. Era la víctima propicia para ser agredida o atropellada. En ese estado no podía dejarla sola, así que paré un taxi apunté la matrícula y le dije al chófer que la llevara a su casa. Diez euros. Le ayudé con 5 euros y subió al coche descalza pero sonriente.

Cuando conté lo ocurrido en las redes algunos afearon mi decisión. “Tenías que haber llamado a la policía”. Jamás llamaría a la policía para socorrer a una mujer negra, joven, con alguna copa, en una ciudad que desconoce.

En fin, un texto personal producto de mirar la vida de frente, sin pretender dar lecciones de nada pero evidentemente querer es poder. Me he propuesto localizarla, hablar con ella sin las prisas de aquel día. Sé que no será fácil.

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