FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Ana Obregón | Marisol Ayala

Hay personajes con los que sin tener con ellos una relación de cercanía una adversidad en sus vidas te pone la cabeza al revés, personajes con los que de pronto empatizas, conmueve y tratas de silenciar lágrimas que delatan que, sea como sea, se han colado en el corazón. ¿Compasión? Eso. Ana Obregón sin ir más lejos.

Hace cinco meses vivimos con el corazón encogido la muerte de Alex, 27 años, el hijo único y valiente de la actriz y de Alejandro Lecquio. En la muerte del chico se dieron todos los ingredientes para que de manera automática dar un paso fantasma y sentarte a su lado, con Ana en su dolor. Desde ese día todos hemos obviado la trayectoria de Ana. Hemos visto pasear su dolor, abrazada a su hermana y al mismo Lecquio, esperanzados por las sonrisas de gratitud que regaló.

El dolor más descarnado con una discreción que impresionó. Tal ha sido la empatía de España entera con el dolor de Ana Obregón que hace unos días se ha sabido que las campanadas del año en Televisión Española en el que la vida quiso que se llevara al joven Alex fuera, y será, no duden, la muestra de cariño de un país entero. No vale, al menos aquí y ahora, hablar de contrato millonario por hacer sonar doce campanas. Serán unas campanadas especiales.

Por una vez no está mal saber que hay miles de españoles que quieren arropar a uno de sus personajes, a la misma Aba Obregón. Quiero pensar, y la reacción en los medios no dejan resquicio a la duda, que Ana y su infortunio merecen vivir una noche especial, del brazo de su adorado Alex. Ayer quise saber si Ana dará las campanadas sola y me dicen que no. Hay nombres, personajes amigos, que la rodearán. No estará sola.

Combatir tanta emoción implica un riesgo.

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