FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El único recurso | Francisco Pomares

Casi 50.000 parados más en Canarias en el último trimestre, según los datos de la encuesta de población activa, un 21 por ciento más de desempleo del que las islas tenían al levantarse el confinamiento. No son datos halagüeños, sobre todo si se tiene en cuenta que aún se mantiene la protección de los Ertes, y que –en la práctica– eso supone disimular la cuenta de decenas de miles de personas que no trabajan, aunque no cobran del paro sino directamente de la Seguridad Social.

Suponer que todas esas personas recuperarán sus empleos cuando el Estado no pueda seguir soportando el coste de los Ertes, es mucho suponer. Para entonces, miles de empresas de Canarias estarán a punto de cerrar si no lo han hecho ya.

El momento crítico va a ser el próximo mes de marzo, cuando haya que empezar a devolver los créditos ICO que muchas pequeñas empresas y autónomos han utilizado no para asegurar la supervivencia de su actividad económica, sino para hacer frente a la catástrofe que supone no disponer de ingresos. A veces, de ningún tipo de ingresos.

La contundencia de los datos de la EPA sobre el aumento del desempleo es como un jarro de agua fría sobre la buena noticia del inicio de llegada de turistas desde Reino Unido y Alemania (hasta ahora la mayor parte de los vuelos han llegado muy llenos), y el anuncio –ayer mismo– de que Países Bajos retira también las limitaciones. Las expectativas abiertas por la incipiente recuperación en la llegada de viajeros –con apenas un 20 por ciento de los hoteles de Canarias en condiciones de recibir visitantes– sitúan el objetivo para el cierre de este año desastroso en alcanzar los cinco millones de visitantes.

Hasta septiembre, contando los datos del inicio del año –cuando aún no se sospechaba la crisis que se nos venía encima–, Canarias acumula algo menos de cuatro millones. Para lograr alcanzar el objetivo, el último trimestre es clave. Cinco millones de turistas no es un objetivo inalcanzable, pero si quizá demasiado ambicioso, a menos que se produzca un milagro: en el mes de agosto, el mejor desde que se levantó el confinamiento, a Canarias llegaron algo más de 375.000, de los que casi 250.000 vinieron del extranjero. Esa cifra no pudo repetirse en septiembre, cuando se cerraron las puertas de salida de los países emisores.

Lo que se pretende ahora es una afluencia en estos dos meses que faltan para acabar el año, inferior a la mitad de la que se produjo el año pasado, cuando entre finales de octubre y diciembre –temporada alta de invierno– se desplazaron a Canarias casi un millón y medio de viajeros del Reino Unido, Alemania y los países nórdicos. Eso requiere que la situación sanitaria siga siendo favorable, pero también que las exigencias de entrada y salida en Canarias –la realización de test PCR o de antígenos, que el Gobierno regional está decidido a imponer inmediatamente- no se conviertan en algo engorroso o demasiado caro, que desincentive el destino.

Hay quien cree que es mejor cerrar las fronteras y esperar a que escampe, que es mejor no dar a la enfermedad la oportunidad de entrar. Pero la recuperación del turismo es hoy la única opción de la economía canaria para evitar un colapso económico que nos traería miseria y desesperación. El turismo está directamente vinculado a la creación de empleo. O a su mayor destrucción, si no se dan las condiciones para que el sector levante cabeza.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario