FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | El plan de Torres | Francisco Pomares

El presidente Torres tiene un plan. Y lo defiende. Alguien podría pensar que no es el plan que a él le gustaría. Pues no. Le encanta: por eso baja al ruedo a defenderlo de las acusaciones de ser un plan delgaducho y escuchimizado, muy lejos del Plan Zumosol que Antonio Olivera nos vendió con foto de boda el Día de Canarias. Ahora, al plan aquél, engordado artificialmente con 18.500 millones que no estaban, lo llaman el Pacto, que también empieza por P de plan, pero no es lo mismo.

Al plan del Pacto, presentado con honores el 30 de mayo lo tratan de sueño de una noche de primavera, una suerte de concesión a las ilusiones de la oposición, para que aplaudieran la reconstrucción. Que ahora tampoco es reconstrucción, sino mera reactivación, para que todo rime. Son cosas de la semántica: en mayo se trataba de reconstruir lo destruido por la pandemia, ahora se trata de reactivar lo que se nos durmió en el confinamiento. Antes había que inyectar un banquetazo de millones en la economía, ahora basta con un piscolabis para ir tirando.

En fin, que a preguntas del Partido Popular y Ciudadanos, Torres ha dejado claro que este año lo que queda para reactivar son 1.400 millones, de los que al parecer sólo dispone en la faltriquera de justo la mitad. Torres no fue muy explícito en eso, ni tampoco al explicar qué ha ocurrido con todo aquel dinero que se suponía iba a llover sobre las islas cual maná bíblico.

Se limitó ayer a repetir su catálogo de medidas adoptadas ya para aliviar la crisis: 85 millones enviados por Madrid para gastar en material sanitario, casi 40 para hacer frente a la Prestación Canaria de Inserción, 16 para el Ingreso Canario de Emergencia, 11 millones para ayudas a los autónomos y la posibilidad de que el Gobierno se gaste su propio superávit: «¡¡qué buenas son las monjas, qué buenas son, que nos llevan de excursión!!».
Torres estudio Filología en La Laguna, y luego le dio por la docencia, pero ayer demostró conocimientos de aritmética cuántica al explicar a sus señorías que aunque los fondos para su plan hayan pasado de 18.500 millones a 5.725 en tres años, eso no implica «merma» de recursos. Lo que ocurre es que para la reconstrucción se contaban los dineros ajenos y ahora para la reactivación sólo se cuentan los propios (más los de Madrid y los de Europa, que tampoco son propios pero sí se cuentan).

Por eso, lo más cuántico del Plan Reactiva es que lo que a muchos pueda parecer que es un plan aquejado de anorexia, a otros –la portavoz del PP, María Australia Navarro, sin ir más lejos– se le antoja un globo inflado con humo.

Para eso también tiene explicación el presidente: lo que ocurre –explicó Torres– es que el PP «no quería firmar el pacto desde el minuto uno», porque son «como un conductor que va por la autopista por el carril contrario y cree que son todos los demás los que se equivocan». «Se quedan solos por ir contra un Gobierno porque no es de su color político», concluyó Torres en un alarde interpretativo. Sí, qué chocante resulta que los partidos no apoyen a los Gobiernos de otros partidos… Eso no ha ocurrido nunca en la historia política. O sea, que ellos se entretienen.
Torres tiene plan. Y la casa sin barrer.

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