FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Un godo | Francisco Pomares

Escrivá, en primer plano

Román Rodríguez se refirió ayer con crítica contundencia al ministro José Luis Escrivá, responsabilizándole de la caótica respuesta al problema de inmigración irregular que sufre Canarias. Rodríguez es vicepresidente del Gobierno regional, y su reacción no puede ser fruto solo de su personal indignación, compartida por miles de ciudadanos, ante la bochornosa comparecencia del ministro en el Senado, en la que endosó al Gobierno regional y a los ayuntamientos canarios la culpa del desastre que se viene produciendo desde hace un año. Porque Escrivá no solo mintió al afirmar que el Gobierno regional no ha cumplido con sus obligaciones en este asunto, también se permitió justificar su decisión de no venir a las Islas acusando a los políticos que se desplazaron al muelle de Arguineguin, de ir «a hacerse fotos» y criticó la falta de colaboración con la Delegación del Gobierno en Canarias, cuando está ha intentado resolver el problema. Completó su demostración de absoluto desconocimiento de la situación en las islas y su repertorio de ministeriales sandeces planteando que su departamento estudia usar viviendas de la Sareb –el banco malo– para acoger a los migrantes. Después del desatino de hospedarlos en hoteles y apartamentos, el ministro insiste en el error: sus decisiones son munición para los xenófobos.
Entiendo que no pudiendo responder al ministro el presidente Torres, la respuesta desde el Gobierno de Canarias la protagonice el vicepresidente. Y comparto su contundencia y su cabreo. Canarias no puede consentir que la incompetencia del Gobierno Sánchez acabe por convertir las Islas en cárceles para inmigrantes, un remedo tropical de Lesbos o Lampedusa.
Sin duda, la solución al problema de la llegada masiva de inmigrantes irregulares es compleja y depende de muchos factores: del cumplimiento por parte de España de los convenios de colaboración suscritos con nuestros vecinos, de mejorar la vigilancia de las fronteras marítimas, de mantener una diplomacia constante con los países del Magreb… pero el auxilio en alta mar y la atención en tierra de los que llegan es un asunto que depende de la voluntad del Gobierno nacional, de los recursos que dediquen y de la voluntad política de afrontar el problema. Por desgracia, este es un asunto que no preocupa a quienes deben resolverlo, ocurre a 3.000 kilómetros de Madrid, y como los que llegan no pueden dispersarse por el territorio nacional, no es una cuestión urgente. Hasta ahora, Moncloa parece haberse desentendido de la situación. De vacaciones en Lanzarote, Sánchez no se dignó siquiera a atender al entonces presidente del Gobierno, Fernando Clavijo, cuando el problema estaba comenzando. No se intervino para restaurar un Sive casi desmantelado, con sistemas y equipos desinstalados, y efectivos humanos consumidos por la desidia de la administración. Se incumplieron convenios, se renunció a la diplomacia, y en materia de acogida de los que llegan, se dejó el asunto a expensas de la Cruz Roja. Ahora se adoptan decisiones precipitadas o se convierte el asunto en justo lo que no debía ser, lo que el presidente Torres dijo que no podía ser: una nueva carajera política. Aunque lo cierto es que quien más se faja en esta pelea es su ministro. Un hombre de números, al que se le hace difícil entender que hay una persona detrás de cada número. Un personaje malencarado y desconocedor del reparto de competencias entre la administración del Estado y la de las Comunidades Autónomas, que el lunes en el Senado volvió a desmentir al presidente de Canarias, asegurando que nunca se comprometió a venir a las islas, cuando lo cierto es que lo hizo hasta tres veces, modificó sus citas, y al final optó por dar plantón. Escrivá es un señor soberbio, prepotente y tirando a faltón. El arquetipo del godo. Mejor que no venga.

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