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OPINIÓN | Turismo y nueva normalidad | Pablo Zurita

Tres normas. No era cómo imaginamos. Se trataba de hacer vida más o menos normal sujeta a ciertas restricciones para impedir la dispersión masiva del jodido virus. No nos enteramos. Afirmar que los españoles somos poco disciplinados no es del todo cierto: el confinamiento se aplicó con extraordinario compromiso. Pero quizás el entusiasmo y las ganas de verano impidieron estar atentos a las explicaciones de los expertos que hablaron de “nueva normalidad” pudiendo haber dicho “vuelta a la normalidad”. Bien sencillo cumplir tres normas de convivencia social: mascarilla, distancia y limpieza. Ni siquiera se propuso impedir el contagio a toda costa -que parece algo inevitable- sino proteger a las personas de riesgo y que la infección se produzca de forma escalonada para no colapsar los hospitales de nuevo.

Resignación. Y aquí estamos. Con el turismo a cero y todo lo que ello significa. En Canarias vamos derechitos a un colapso económico sin precedentes, a una catástrofe social de cientos de miles aferrados a un magro subsidio mientras la Unión Europea no nos deje tirados, que no lo hará, pero ¡vaya futuro!

Enfoque. Traer turistas claro. Aunque trabajar en la “seguridad sanitaria” del destino como reclamo presenta múltiples debilidades. Necesitamos indicadores que permitan objetivar cuan segura es Canarias, ratios respecto al número de contagios, de hospitalizados o de fallecidos que oscilan de un día para otro y que no reflejan la situación en los hoteles ni en las zonas turísticas sino en nuestras aglomeraciones urbanas que nada tienen que ver con la actividad que se pretende proteger. La apuesta por la seguridad y los PCR abre un frente diplomático necesario pero de final impredecible como se constata. Y además, sin tener en cuenta su fiabilidad -un problema conocido que subyace-, ¿cuál sería la finalidad de los PCR masivos?, ¿una cuarentena?

Control. Aceptar la nueva normalidad exige admitir también que no hay forma humana de escapar de la pandemia. Dejar de insistir en “seguridad sanitaria” -una entelequia imposible de demostrar- y apostar por “medidas de control” tan estrictas que permiten disfrutar de unas vacaciones en Canarias con mayor garantía que en casa en cualquiera de los países de origen. El esfuerzo en promoción sería mucho más eficaz si centráramos el mensaje en la altísima capacidad que tiene el sector turístico en Canarias para aplicar las medidas de control de la enfermedad. Y hacerlo, claro, que no depende de terceros sino de la voluntad propia. Imágenes de habitaciones que son desinfectadas a diario, distancia de seguridad entre las hamacas en los jardines para disfrutar del sol, entrada a la piscina por turnos (el cloro es un potente desinfectante universal), parcelas en las playas, separación de mesas en restaurantes y terrazas para pasar unos días inolvidables, sin ocio nocturno pero con actividad al aire libre, y todo el mundo con su mascarilla.
Respuesta. Y por supuesto que Canarias garantiza solucionar cualquier incidencia, por supuesto, igual que a los residentes y, si se quiere, con más mimo: ¿que a usted amado turista le dan unas décimas de fiebre?, pues se activa el protocolo, llamada a los servicios médicos, PCR, confinamiento preventivo y cuarentena si fuera necesaria, que para eso están los seguros que la propia Consejería de Turismo contrató con muy atinado criterio. Una cuarentena de las mil y una noches, mucho mejor que en su oscuro y húmedo apartamento de Londres. Y un tratamiento hospitalario de primer orden si se da el caso que los síntomas se agravan. Medidas de control, hacer la vida confortable y actuar con diligencia en caso de necesidad, cuestiones que no están sujetas a la irresponsabilidad de cuatro descerebrados.

(Maquinita para desinfectar, por si alguien tiene dudas)

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