FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Patrimonio desaprovechado | Salvador García Llanos

FOTO:Elblogoferoz

A medida que pase el tiempo y no se actúe, el deterioro se va acentuando, el impacto antiestético resulta evidente y la inutilidad se palpa por todos los poros. Se produce un inevitable envoltorio de abandono que sustancia un cierto aspecto fantasmal. El problema es que se lleva todos los otros encantos, los oscurece y va mermando la personalidad urbanística de la ciudad. Que podría ser más bonita y atractiva, claro. Pero pierde mucho, precisamente en los que pueden ser exponentes de sus señas de identidad. Así se degrada un acervo patrimonial.

Algo de esto viene pasando en el Puerto de la Cruz, donde las ruinas del edificio ‘Iders’ representan una suerte de decadencia y en el fondo son un monumento a la desidia, a la incapacidad, a la avaricia y a la especulación. Ahí están, viendo pasar el tiempo. Pero también las de otros inmuebles y otros recintos cuyo desaprovechamiento salta a la vista. Creemos recordar que en el mandato anterior se habló y se intentó: alguna iniciativa para disponer de unos elementales o mínimos cauces de protección. Pero no se pasó de ahí, de la buena voluntad. Superado el primer año del presente ciclo municipalista, poco o nada nuevo.

Y eso que en algunos de esos caos está involucrado el propio Ayuntamiento. No se explica, por ejemplo, que el recinto de El Polvorín, junto al cementerio católico de San Carlos, próximo al Castillo San Felipe, esté cerrado y al albur de alguna ocurrencia. Pero ni por esas. Es un punto de tránsito de flujos turísticos, lo que se diría ‘todas las direcciones’ La institución tiene ingresos insuficientes para financiar los presupuestos ordinarios de un ejercicio. Establecer un uso para determinadas actividades sería lo más consecuente –de hecho, han funcionado algunas concesiones, solo que, por las razones que sea, no han tenido continuidad- pero no ha habido forma de consignar unas cantidades estables de ingresos. La edificación, además de los valores históricos, presenta un aceptable grado de conservación después de alguna pequeña restauración hecha para salvar las formas arquitectónicas militaristas asociadas al Castillo. Si el consistorio no quiere o no puede con nuevas concesiones, teniendo en cuenta el emplazamiento, ¿por que no dedicar el recinto a oficina de información turística, bien dotada y polifuncional?

Otro inmueble, del que hemos hablado en más de una ocasión: el Torreón Ventoso, edificado en 1750 y ubicado en el recinto del antiguo colegio de los padres agustinos, junto a la plaza Concejil. Accesible desde la calle Valois, está considerado Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Conjunto Histórico. El valor arquitectónico y cultural de este monumento reside en la excelente representación de la arquitectura tradicional canaria que alguna vez estuvo vinculada a la clase pudiente extranjera, dedicada a labores mercantiles y asentada en el Puerto de la Cruz. Fue construido en piedra y madera. Está dispuesto en tres plantas y da paso a un patio interior con estructura diagonal en el extremo izquierdo. Tiene un balcón cubierto central. Uno de los elementos que posee es el mirador desde donde se ve perfectamente el refugio pesquero y confirma su importancia en el antiguo comercio naval.

Bueno, pues lleva cerrado y sin uso más de una década. Estuvo abierto, tras un convenio de colaboración con el Cabildo Insular, tras una estimable obra de restauración. Pero ya, al paso peatonal o de circulación rodada, se palpa el progresivo deterioro. A primera vista, es el recinto idóneo para acoger un pequeño museo de historia del municipio o del Carnaval y abrirlo a rutas guiadas y similares. Una finalidad sociocultural clara.

Son solo dos ejemplos de desidia patrimonial. Aptos para medir la capacidad de iniciativa y gestión de las instituciones y sus responsables respectivos. Que no sean solo referencias mortecinas de un tiempo pasado. Y sobre todo, que no sean pruebas palpables de infrautilización o desaprovechamiento de recursos válidos para prestar servicios públicos de interés.

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