FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Triste Román | Francisco Pomares

En el Gobierno regional, Román Rodríguez resulta ser sin duda el personaje más capaz y experimentado, el tipo destinado a brillar, incluso por encima del presidente, si las cosas hubieran transcurrido desde la aburrida normalidad. Pero las cosas son ahora bien distintas: con el planeta secuestrado por la pandemia, la eurozona velando armas para la peor crisis económica de su historia, España a punto de batir el récord de muertos por habitante, y Canarias haciendo cuentas para ver cómo se hace frente a la caída de la cuarta parte del PIB y a quinientos mil trabajadores en paro antes de que llegue el verano? está claro que esta no va a ser época de lucimientos. Tocaba además repartirse el protagonismo, y con Ángel Víctor Torres de hombre bueno y próximo a los problemas, trabajador infatigable y padre de familia ejemplar, a Román Rodríguez le toca bailar con la más fea -un gobierno central decidido a centralizar, vampirizando además los recursos de las regiones para pagar los platos que se le han ha roto en este desastre- y a ejercer de consejero de los recortes y los ajustes, un encargo que no estaba en el feliz guión de hace unos meses.

Román ya ha reconocido que las cosas se van a poner muy feas. Cuestionaba ayer, en entrevistas a los medios amigos, la política desarrollada por el Gobierno Sánchez, tanto en la crisis sanitaria como en las decisiones para frenar a la crisis económica. Es cierto que era la suya una crítica moderada, pero que ya marca distancia con las decisiones de Sánchez, líder del partido con el que Román comparte el Gobierno regional: un cuestionamiento claro a la centralización de compras en el Ministerio de Sanidad, el fiasco que provocó el desastroso retraso en el abastecimiento de test y medios de protección contra la pandemia, y que forzó a los gobiernos regionales a acudir por su cuenta y riesgo, tarde y en desorden, a comprar en mercados de fortuna los productos necesarios. Román lleva su crítica a la nueva vocación centralista de Sánchez a las decisiones -vía decretos leyes- adoptadas sin atender las diferencias territoriales, a la negativa de Moncloa a aclarar quien gastará el superavit canario, o a la arbitrariedad de quedarse con los fondos de empleo para financiar los ERTE, cuando Canarias los necesita para hacer frente a la pérdida de empleo en turismo, restauración y servicios.

Rodríguez mantiene el tipo en sus declaraciones, pero ya está trabajando en dirección a una salida, quizá una escapada, que adelantan sus portavoces oficiosos: ¿Cómo afrontará Román Rodríguez la desaparición de la subvención por residencia en el transporte, que ya se da por descontada en medios monclovitas, el incumplimiento del REF y del Estatuto, la desaparición de las ayudas a Canarias hoy más imprescindibles que nunca? ¿Cómo asumirá Román que no haya dinero no ya para cumplir los compromisos sociales del Pacto de las flores, si no para mantener los servicios básicos? ¿Cómo llevará rebajar el salario a funcionarios, recortar las prestaciones y reducir las transferencias a Cabildos y Ayuntamientos? De momento, habla Román de desatar un endeudamiento histórico, para afrontar el pinchazo recaudatorio, que sólo en el IGIC fue de un 66 por ciento este mes de marzo en relación a marzo pasado? ¿Pero qué hará cuando se lo prohíban?

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