FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | Matrimonio sin amor | Francisco Pomares

El PP nacional selló el acuerdo con Arrimadas para presentarse conjuntamente en el País Vasco, a pesar de la oposición manifiesta del candidato popular a lehendakari, Alfonso Alonso, cediendo a Ciudadanos -que carece de representación en el País Vasco- dos puestos seguros en las listas electorales. Después de intensos debates sobre el nombre de la coalición electoral con el que los de Casado y Arrimadas se presentarán a las elecciones vascas, se rechazó el formato Vascos suman y se optó por el más descriptivo y aséptico de PP+Cs, acróstico que algunos podrán leer como ‘PP más Cs’ o como el menos obvio ‘PP suma Cs’.

La operación -teóricamente la más sencilla de las coaliciones regionales que pretenden ambos partidos- nace tocada por la oposición radical de los populares vascos, cuyo candidato y presidente regional se negó incluso a acudir a la presentación del acuerdo, a pesar de haber sido convocado. Alonso definió como inasumible un pacto entre Génova y la dirección de Ciudadanos, que regala a este partido -inexistente en el País Vasco-, al menos dos diputados de los nueve que actualmente tiene el PP en Gernika. El reparto de las listas por Génova ha indignado a los populares vascos, y más aún la filtración del acuerdo a los medios por José María Espejo, cuando Génova ni siquiera lo había puesto en conocimiento de la regional del PP. La tensión es tan grande que se ha insinuado la posibilidad de que si Alonso se niega a aceptar el acuerdo sea sustituido como candidato, algo que aún puede ocurrir, dado que la presentación de coaliciones vencía anoche, pero aún faltan unos días para presentar las listas.

En realidad, lo que el PP ha hecho es sacrificar parte de su propia cuota de representación en el Parlamento vasco, a cambio de aumentarla en Cataluña. Esa es la parte del trato entre Casado y Arrimadas del que no se ha hablado. Arrimadas probablemente tenga que transigir en Galicia, y con ceder varios puestos de salida al PP en las candidaturas catalanas, a cambio ha exigido una representación de la que en solitario carece en el País Vasco. El acuerdo puede presentarse como una derrota del PP, pero en realidad no lo es: más bien responde a un ajuste que anuncia la irreversible inmolación de lo que queda de Ciudadanos, en un proceso abierto en estas elecciones autónomas, y que podría acabar materializándose en una próxima fusión. La suma automática de los votos del PP y Cs en elecciones generales -si no se produjeran fugas de esos votos hacia el PSOE o Vox- supondría un aumento entre 14 y 19 diputados. También que el resultante de esa suma sea superior al número de escaños de Vox, que aún no ha tocado techo electoral y compite con un centroderecha en decadencia por ser la primera fuerza conservadora.

Tras el error cometido por Rivera al oponerse al sacrificio de un acuerdo con el PSOE que habría moderado y estabilizado la política española, Ciudadanos se ve forzado ahora a convertirse en la muleta -muleta desechable, además- de un PP en dificultades frente al apogeo ultraderechista. Es un sacrificio distinto, cuya única compensación será la supervivencia de unos pocos miembros de la dirección ciudadana en las futuras candidaturas del PP. Un papelón para Arrimadas, convertirse en enterradora del proyecto del centro liberal. Pero es lo que toca. Mejor vender ese servicio, que mantenerse erre que erre permitiendo a Abascal convertirse en el líder del segundo partido español.

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