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OPINIÓN | El cambio es la única cosa inmutable | Óscar Izquierdo

Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

El miedo al cambio es la cobardía personificada. La frase que da título al presente artículo es del filósofo Arthur Schopenhauer, que lo tenía claro, toda muda constantemente o debería ser así. Los que se retraen a la modernidad buscan dejar las cosas como están, por interés egoísta o por vértigo a lo novedoso. Es normal, aunque puede ser cuestionable, que aquellos que gozan de una situación privilegiada intenten por todos los medios mantenerla sin ningún contratiempo, imprevisto o previsto. Otra cosa es que esa situación sea lucrativa para todos o para unos pocos. No se vive aisladamente, sino en sociedad, cada cual aporta al conjunto y se beneficia del bien común, que siempre está orientado hacia el progreso de las personas. Henry Newman destacó la importancia de la variación cuando sentenció: «aquí sobre la tierra vivir es cambiar y la perfección es el resultado de muchas transformaciones». Lo que hay que modificar se hace por necesidad, por obsolescencia o por utilidad. Aunque parezca una perogrullada, lo que no funciona hay que hacerlo funcionar, así de sencillo, así de complejo en algunos casos. Pero mantener lo que estorba solo produce desencanto, improductividad y mediocridad.

Si hay una cuestión que debería implementarse de forma renovada, especialmente en Canarias, que es donde se nota especialmente de manera directa sobre el acontecer económico y social, es la coordinación entre las distintas administraciones y de estas con las organizaciones representativas de la sociedad civil. Las relaciones del Gobierno de Canarias y el Gobierno central tienen que ser fluidas, compuestas de dialogo y comprensión. Es oportuno que desde la centralidad del Estado se entienda nuestra realidad archipielágica, isleña, en medio de Atlántico, distante del territorio peninsular y dejar el frentismo que tan malos resultados ha traído por estos lares. Los cabildos y el Gobierno autonómico no pueden seguir divergiendo en sus líneas de gobierno o actuación. Las entidades insulares no son reinos de taifas que hacen y deshacen a su antojo independientemente de los demás o del conjunto del territorio. Tampoco son instrumentos del presidente de turno, que busca en algunos casos la notoriedad personal por encima de los intereses de los ciudadanos. Una armonización cierta de todos los cabildos sería un primer paso, pero que no se quede en la fotografía de una reunión puntual de los distintos presidentes, sonrientes y amigables. La vida municipal, tan exigente en sí misma, requiere la colaboración de todos los ayuntamientos, en temas no solo que superan su ámbito territorial, sino que exigen también la puesta en marcha de políticas internas que sirvan para todos en sus diferentes condiciones de aplicabilidad.

La coordinación lleva implícita el orden requerido para que los asuntos puedan desarrollarse de forma eficiente, constante y duradera. Descartes dijo que «dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros o ir por el buen camino». Estar en la senda significa moverse, pero cuidado, siempre para adelante, lo pasado ya se vivió y no interesa volver a experimentarlo, valorizando la historia, solo para aprender a no cometer los mismos errores. Las relaciones de la administración, de cualquier ámbito territorial, con las organizaciones representativas de la sociedad civil deben estar basadas en el respeto, la independencia y la cooperación. Ya no vale el intentar controlarlas y acallarlas a base de subvenciones, prebendas varias o mensajes subliminales. Otra cosa es que algunas quieran vivir en el servilismo, por mantener un estatus o influencia determinada. Cada cual es responsable de los comportamientos que asume. Es el momento de proponer ese cambio imperioso que significa coordinación, así estamos estableciendo una base segura de resolución de problemas y gestión pública eficaz.

 

Oscar Izquierdo es Presidente de FEPECO

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