FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | El bar de Pepe | La niña Greta Thunberg | Joaquín Hernández

Los seres humanos, la gran mayoría, somos proclives al melodrama, la historia que nos venden los medios de comunicación social, aunque por absurda y estúpida sea totalmente inútil, la utilizamos como si fuera el paradigma ideal para resolver nuestros problemas, a pesar, repito, de lo idiota y de la gilipollez del culebrón que nos quieren vender.

Así, por ejemplo, nos encontramos con el esperpento del llamado caso “Greta”.

Para tener una pequeña idea del tema, del porqué la niña Greta, ya no tan niña, se ha metido en el tren de la fama mundial, hay que conocer de dónde viene la encantadora “luchadora por el medio ambiente”, de su genealogía, de sus antepasados.

Verán ustedes, la niña Greta es nieta de Fritz-Olof Thumberg, actor y director de cine sueco con más o menos éxito. El padre, Svante Thunberg, actor, escritor y productor de teatro y televisión, es conocido en el país como el clásico trepa que ha vivido a costa de la escueta fama de su padre, con más pena que gloria Malena Emman, madre de la ecologista Greta, cantante lírica con tesitura de mezzosoprano, hace sus pinitos en la ópera y opereta sueca.

El éxito de Greta no estriba en ser una niña prodigio ni nada que se le parezca, el éxito de la “niña” consiste en que en el año 2018, con 15 añitos, y haciendo “rabona” (faltando a clase) en el instituto, se plantó frente al Parlamento sueco con una pancarta reivindicando una acción climática más fuerte. Posteriormente le acompañaron otros estudiantes suecos.

Todo no es casual y sí causal, la prensa sueca relaciona el tema directamente a un plan de marketing ideado por el papá de la criatura para sacarles de la penuria económica en la que estaban inmersos.

A partir de ahí el show business de Greta por televisiones, entrevistas, radio, conferencias en todos los colegios e institutos de media Europa, parece que le han dado suficientes “motivos” para defender a capa y espada la lucha contra el cambio climático.

La estupidez ha llegado al punto máximo de la caricatura cachonda de la niña o joven, como quieran llamarla, al negarse a viajar en avión, tren de alta velocidad, coche de gasolina o gas oíl, etc. incluso a llegar a decir la posibilidad de acabar con las vacas, raza animal que con sus pedos contribuyen al efecto invernadero con mayor proporción que los vehículos automóviles, aviones, trenes, etc. etc. etc.

Lo peor de la propuesta de Greta Thunberg no es acabar con las vacas, que también, la cuestión es que nos quedaremos sin suculentos filetes de buey, ternera, sin su estupenda leche y sus productos lácteos, queso, yogures y demás postres y dulces que llevan el blanco contenido lácteo.

Llegado a este punto y aparte, uno se pregunta: ¿cuántos siglos llevan las vacas cagando y pegándose pedos? Pues según datos de estudiosos en el tema, si la culpa del cambio climático hubiera sido por los gases emitidos por la raza bovina Suecia en la actualidad sería el desierto de Gobi.

El esperpento ha cumplido su máximo exponente en el viaje de la niña al viajar durante 3 semanas en el catamarán “La Vagabonde”, con un tiempo infernal Greta ha estado toda la travesía con vómitos y cólicos, tanto es así que al llegar a Lisboa los médicos aconsejaron no viajar a Madrid al menos durante un tiempo, dado que el estado de salud de la joven ecologista no estaba en condiciones para realizar el viaje, La activista que rechaza el avión por la emisión de gases contaminantes y, tras descartar un vehículo eléctrico y recibir ofertas tan llamativas como la posibilidad de cubrir los 625 kilómetros que separan las capitales ibéricas en burro, se inclinó por llegar a Madrid en el tren nocturno y meterse 10 horas en Lusitania, tren nocturno que viaja  desde la capital portuguesa a la española donde se celebra la cumbre. Una opción no limpia totalmente, puesto que el Lusitania recorre 210 kilómetros con una locomotora diésel a partir del momento en que cruza la frontera a la altura de la provincia española de Salamanca.

En todo caso, el tema no es para tomarlo a risa, y si muy en serio, pero no son las protestas de los activistas, ni las conferencias de Greta y su mariachi lo que nos debe concienciar que ha llegado el momento de terminar con un sistema de vida que nos llevará al borde del abismo, somos nosotros mismos los que debemos empezar a educar a nuestros hijos en que tenemos un planeta que poco a poco, sin necesidad de meteoritos ni guerras nucleares, nos lo estamos cargando a pasos agigantados, los gobiernos deberán imponer una asignatura, quizás la más importante de todas, sobre la conservación de la naturaleza, innovación tecnológica, volver a la agricultura ecológica, suprimir la energía fósil, eliminar las materias contaminantes, saber qué y entender que este mundo aún puede ser maravilloso.

No hacen falta shows, ni volver a las galeras, a las carabelas, a los veleros o al caballo, hace falta descubrir energías limpias, como la solar que ya se está implantando para los transportes marítimos, en trenes de largo recorrido, el aprovechamiento de la energía eólica, y tantas otras alternativas que ya existen y otras nuevas que se empiezan a investigar.

La niña Greta no es una solución, porque, ironías aparte, la solución no está en volver al siglo XV ni utilizar la diligencia o el barco velero para desplazarnos, la solución está en nosotros empezando por limpiar de chatarra que hemos dejado en nuestro firmamento. Seis décadas de carrera espacial han dejado en órbita miles de toneladas de chatarra.

Nuestros mares sirven de basurero de residuos nucleares. Nuestros bosques quemados.

Espero que cuando empecemos a tomar medidas no sea demasiado tarde para salvar la humanidad en este planeta.

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