FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | El bar de Pepe | El aborto | Joaquín Hernández

En un foro de periodistas debatíamos el espinoso y desagradable asunto  de la Ley sobre el Aborto.

Todos estábamos de acuerdo en lo primordial una ley que no convence ni conviene a nadie se convierte en un delito.

El problema de esta maraña de políticos del tres al cuarto es que en lugar de buscar soluciones buscan leyes que no solucionan nada, es decir todos están dispuestos a dictar leyes y no normas de conducta social que nos lleven a solucionar los problemas sin necesidad de aumentar el tamaño del Código Penal, Civil, etc.

El sentido común, que dicen es el menor de los sentidos, no lo utilizan los políticos a la hora de legislar.

¿De verdad creen ustedes que hace falta una Ley que regule el aborto? ¿Por qué todos los países se aferran a legislar una Ley que choca directamente con la Carta de los Derechos Humanos en relación con el Derecho a la Vida?

Quizás se trate de tranquilizar conciencias a la hora de aplicar el bisturí, quizás se trate de conseguir votos femeninos, pero es aun más inexplicable una Ley que mata la posibilidad de vivir de un ser humano cuando realmente la población de las civilizaciones más avanzadas se está avejentado cada día más y más, las jóvenes parejas parecen no querer tener descendencia y se augura un futuro nefasto para los nuevos pensionistas que verán mermadas sus pensiones al no poder soportar el gasto los gobiernos, motivado principalmente por la falta de cotización a la S. Social.

El mundo crece pero no como debiera, aumenta la población mundial pero lo hace en el llamado “tercer mundo” allí donde la gente no dispone de posibilidades para controlar un embarazo “no deseado”.

Que el aborto es una objeción de conciencia de la pareja, no sólo de la mujer, es obvio. Pero lo que no se puede hacer es dejar a una joven de 15 años decidir por sí misma si va abortar el polvo de la noche del viernes o prefiere seguir el embarazo y enfrentarse al mundo con el “paquete en la barriga”.

Tampoco es justo que en el siglo XXI aun existan mujeres y hombres que no utilicen la multitud de productos anti conceptivos que existen en el mercado, no vale con decir “nos equivocamos”, “no nos dimos cuenta”, “estábamos tan calientes que…” si es así no se puede alegar que esas excusas sirvan para quitarse de encima “el paquete”, ese “paquete” so idiotas es producto de vuestros genes y lleva vuestro ADN marcado en su cuerpo y ahora por “comodidad” por “la crisis” por “el paro” habéis decidido eliminarlo.

Me he negado siempre a la posibilidad de un aborto de mi pareja, jamás lo hubiera consentido a excepción de grave riesgo de la vida de los dos, de la madre y del feto.

En la sociedad actuamos con cinismo cuando todos pedimos una Ley del aborto “justa y flexible”, incluso una buena parte de las católicas, apostólicas y romanas están de acuerdo con un Ley que regule el “asesinato del embrión y la interrupción de la gestación del feto”, los propios del Partido Popular se mostraron contrarios a la propuesta de reforma de Ley de su anterior Ministro de Justicia.

¿Por qué no buscar soluciones en lugar en lugar de legislar? Ese es el quid de la cuestión y desde luego parece ser lo más difícil en lugar de lo más fácil. Independientemente del Código Penal, tiene que existir otro Código para solucionar lo que penalizando no se soluciona.

El abortar un hijo no es grato para ninguna mujer, de eso estoy seguro, dice mi amiga Merche Almunia, autora de la carta a Gallardón “Yo, mi coño”, “ “el aborto sólo es una decisión de la mujer y atañe solamente a ella”; yo no estoy de acuerdo con esa afirmación, el problema es de todos, nos preocupa a todos y la solución la tenemos que aportar todos.

El tema principal de la pareja, a la hora de pensar en la triste decisión de eliminar la gestación de su hijo, es el económico, el de la joven que se queda embarazada y decide “quitarse de encima el paquete” es el económico, el del matrimonio con tres hijos y que deciden el aborto del cuarto es, primordialmente, el económico.

¿Qué ocurriría si en lugar de legislar leyes pro o anti aborto nos dedicamos a ver el verdadero problema y ponemos soluciones? ¿No sería mejor que la sociedad ayude, de la forma que se estime más conveniente, a esa pareja acuciada por el problema económico, a esa joven embarazada prematuramente, a esa mujer que no encuentra otra salida que ejecutar la vida del ser que engendra en su vientre por el mismo problema, el factor económico?

Claro que soluciones las hay, y se empiezan aplicar en países de nuestro entorno, el choque entre el derecho al aborto y el derecho a la vida recogido en la Carta Magna de la Declaración de los Derechos de los Humanos en la ONU no es baladí una de las dos cosas sobra, o tenemos derecho a suprimir vidas o tenemos el derecho a amparar las vidas de todos los seres humanos.

La situación empieza con la ayuda a la mujer en riesgo de aborto, una ayuda que sea lo suficiente para que cubra las necesidades de esa mujer y su hijo en los primeros años de su vida, que no suponga una carga imposible de soportar para la pareja asustada por la exigua economía familiar.

Vivimos en una sociedad injusta donde los políticos en lugar de aportar soluciones legislan a espaldas de la realidad que les rodea.

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