FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | ¿Vídeos falsos? tambíen | Salvador García Llanos

Cada vez más expuestos a la desnaturalización, a la deformación, a las falsedades. Ahora empiezan a servir bulos y paparruchas a la carta en formato de video. Es una variante sofisticada, con apoyo de imágenes manipuladas, cercanas al cien por cien de realismo, casi imposibles para el más diestro. Los riesgos de desinformación aumentan sin límite.

Son los videos ‘deepfakes’, un término que toma su nombre de las palabras deep learning (aprendizaje profundo) y fake (falso). Según explica el abogado, experto y mediador español Luis Menéndez, se trata de una técnica que utiliza la inteligencia artificial (IA) para combinar imágenes o videos de la cara de una persona y superponerlos en otra, “de forma que esta diga cosas que no ha dicho o haga gestos que no ha hecho. El resultado es un video falso pero tan realista que el ojo no percibe que es un montaje”.

Los timbres de alarma ya han sonado en ámbitos políticos. Estamos ante alteraciones inteligentes de la imagen. Satirizar, desprestigiar y desinformar son objetivos sobre el papel fácilmente alcanzables. Ya se comprobó recientemente en Estados Unidos, donde la mismísima presidenta de la Cámara de representantes, Nancy Pelosi, fue víctima de un montaje con videos en los que parecía que tenía dificultades para expresarse: titubeaba y tartamudeaba hasta parecer ebria en algunas fases. Los autores no habían empleado la dichosa IA, de ahí que el montaje no tuvo la condición de ‘deepfake’, por lo que los medios prefirieron hablar de ‘cheap fake’ (falsificación barata). Y es que hacer un ‘deepfake’ persuasivo requiere invertir horas y destreza en la utilización tecnológica, frente a esos otros formatos más sencillos o menos sofisticados, casi siempre consistentes en capturas de pantalla, audio o video.

En cualquier caso, todo da a entender que estamos ante una nueva y preocupante forma de desvirtuar la información y, más concretamente, las apariciones públicas de políticos o protagonistas de la actualidad. Las intenciones de satirizar o atacar a rivales son tentadoras y malo para todos si terminan convirtiéndose en una metodología habitual. Habrá que aguardar a la eficacia de la contra: de hecho, algunas universidades e institutos tecnológicos avanzados ya experimentan con un software de inteligencia artificial, denominado fakeapp, que podría ser utilizado por otro tipo de organizaciones o personas a título individual, capaz -y sigue sin agotarse la capacidad de asombro- de trasplantar imágenes de una persona en el rostro de otra, ¡como quien pone una careta!

Y otra investigación, la del ingeniero de programación Philip Wang, titulada ‘thispersondoesnotexist.com’, consistente en crear o inventar rostros de personas que no existen a partir de imágenes reales, gracias, nuevamente, a la inteligencia artificial. Por ahora, son imágenes estáticas con fondos desenfocados pero el siguiente paso es proporcionarles movimiento.

De verdad, no es cine ni ficción. Los montajes, cualquier montaje, aparecen cuando menos se espere. Atentos, porque caer en las trampas de la desinformación, por lo que se intuye, es bastante simple.

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