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OPINIÓN | Vivir sin miedo | Ale Hernández

En el transcurso de los últimos meses  con todo lo acontecido, en el panorama político, he observado como cierto tipo de gente ha comenzado a recular en su posicionamiento y llegando a cambiar de pensamiento, de golpe y porrazo, a causa de su mediocridad camuflada de miedo.

Recuerdo recurrentemente las palabras que siempre me ha dicho mi padre: “En la vida hay que posicionarse, no hacerlo es de mediocres”. Con dicha misiva implícita en mi ADN he ido caminando por la vida, esquivando los golpes, saltando de baldosa en baldosa, buscando las amarillas, y posicionándome al lado de los abanderados de la honestidad.

Dando un garbeo por las redes sociales, he leído auténticas barbaridades que atentaban en contra de la libertad de pensamiento y expresión. Gente que anteriormente abrazaban, llegando al peloteo, a los que gobernaban las arcas públicas y, tras de la derrota fruto del transfuguismo y de la aritmética, se bajaban de la “embarcación”, para cambiar de colores, olvidando el apoyo, a sus estómagos agradecidos, de los recientemente caídos.

Tal vez soy una romántica empedernida pero no concibo la traición bajo ningún concepto… Ni siquiera bajo el yugo del miedo. La vida es una noria, que gira sin cesar, que va de la mano de eso que llaman Karma y que siempre llega.

Ese tipo de gente que ahora se hace fotos, con sonrisas verticales, con los que anteriormente ponían a parir. Esa gente que ahora despotrica de los que les dieron de comer. Esa gente que ahora destiñen sus colores de antaño. Esa gente que desconoce el significado del concepto Lealtad. Esa gente que repugna a los que nos posicionamos inquebrantablemente al lado de los que han hecho las cosas bien. Todo ese clan de la mediocridad, a los que los único que les caracteriza es el “todo por la pasta”, infectan con falacias lo que antes era su morada, abandonándola a la deriva, cuales ratas de dos patas.

A pesar de los constantes rumores de listas negras, de vetos laborales y de amenazas que atentan en contra de la libertad individual, mi posicionamiento, libre y sin ánimo de lucro alguno, seguirá siendo el que fue. Pase lo que pase y pese a quien le pese… Seguiré alzando la bandera de la lealtad, viviendo sin miedo.

 

 

 

 

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