FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A Babor | Una sola voz | Francisco Pomares

El portavoz del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, tuvo que salir ayer a desmentir a la consejera Noemi Santana (sin citarla, por supuesto), tras haber afirmado esta que el Gobierno subiría los impuestos. Con enorme candidez, Santana explicó que se subirían los impuestos al tabaco, al alcohol y al lujo, pero sin que hubiera mayor presión fiscal. Por cierto, unos impuestos que son de entre los más altos de los países desarrollados: en España, los impuestos del tabaco recaudan alrededor de diez mil millones de euros anuales. El impuesto surgió tras hacerse pública en Estados Unidos la relación entre el cáncer y el tabaco y difundirse que las tabaqueras conocían esa información y la habían ocultado a sus clientes. Se impusieron entonces sanciones en forma de impuestos a las tabaqueras para ayudar a los Estados a sufragar el enorme gasto que suponía para el sistema sanitario atender a los millones de enfermos por tabaquismo.

Desde entonces a todo el mundo le parece muy bien que se suban los impuestos al alcohol y al tabaco, excepto a quienes consumen alcohol o tabaco con regularidad. Informes interesados, pero probablemente solventes, encargados por las tabaqueras, parecen demostrar que en realidad el Estado se ahorra dinero con los fumadores, a pesar de lo que gasta en tratamientos, y que el impuesto es un gran negocio para el Tesoro público, porque los fumadores mueren antes y los muertos no cobran pensiones.

Argumentos repugnantes aparte, sí es cierto que de cada cinco euros que un fumador se gasta en tabaco, cuatro se los queda el Estado. Y algo parecido ocurre con la gasolina, y en menor medida con el alcohol, menos gravado, a pesar de que es igualmente dañino, porque beber es una costumbre socialmente aceptada en este país de fiesta y jolgorio.

En fin, que lo peor no es que la señora Santana pretenda subir aún más el impuesto al tabaco y al alcohol y cuadrar el círculo de subir impuestos sin aumentar la presión fiscal, algo que más parece un ejercicio de prestidigitación o telequinesia que de política fiscal. Lo peor es que la señora Santana no sepa distinguir entre los impuestos locales, que ella y el Gobierno al que pertenece pueden decidir subir, y los impuestos especiales de carácter estatal, sobre el tabaco y las bebidas alcohólicas, que sólo los puede tocar el ministro de Hacienda.

Julio Pérez tuvo que explicar ayer, en la rueda de prensa tras el Consejo, que en el Gobierno «nadie habla de subir impuestos» (en realidad si lo han hecho) «sino de… ver si algunas bonificaciones que se establecieron han sido positivas». El portavoz descartó rotundamente aumentos de los tipos impositivos.

O sea, que el Gobierno de Torres no prevé subidas de impuestos, de ninguno, sino revisar algunas exenciones sin sentido. Comparto el criterio de que algunas de ellas son ineficaces o directamente estúpidas, y no aportan beneficio real a los supuestos beneficiarios, y es mejor suprimirlas. Otras deberían ser retiradas por ser injustas, por favorecer a quienes menos lo necesitan.

Es bueno que alguien con autoridad aclare lo que el Gobierno pretende hacer. Y que se acabe esta cacofonía de voces y coces, en el que hasta cuatro miembros de un Gobierno de once han dicho cosas sustancialmente distintas sobre política fiscal, IGIC, y tasa turística, por ejemplo. Mejor que hablen con una sola voz. Así nos aclaramos.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario