FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | El trance de CC | Salvador García Llanos

Coalición Canaria (CC) inicia la travesía del desierto. Imposible predecir si será más o menos larga: recién ha iniciado el nuevo ciclo político y han sucedido muchas cosas, algunas de las cuales son auténticos golpes a la línea de flotación, los más recientes las pérdidas, vía mociones de censura, de los cabildos de Tenerife y La Palma. Como la caminata no ha hecho más que empezar y seguro que van ocurrir otros hechos, cualquier pronóstico sobre la duración sería inconsistente. Es la primera vez, además, que la formación nacionalista afronta -paradójicamente, tras mejorar registros y porcentajes- una crisis de esta envergadura, un trance en el que apenas tiene experiencia, por lo que, tratándose de recomponer, mucho hay que esforzarse y esmerarse para volver a ser alternativa de poder.
Sí cabe presumir que será una travesía incómoda. Al estar en la oposición en la mayoría de las instituciones importantes -es que no quedan cuarteles de invierno, prácticamente-, con buena parte de las tropas desmoralizadas, con los liderazgos muy desgastados, con un sustrato ideológico débil y aún por robustecer, los pertrechos dan para lo que dan y hay que dosificarlos con destreza si es que se quiere que el proceso de recuperación se lleve a cabo con resultados positivos. No parece fácil, desde luego.
Lo que son las cosas: en Coalición Canaria estarán aguardando a la evolución del tablero de la política nacional para explorar las posibles estrategias. Pero en ese contexto, y en el más cercano también, los cambios producidos obligan a un replanteamiento de estrategias. Porque las alianzas -especialmente con los poderes económicos y mediáticos- serán distintas y porque es previsible que la política autonómica, insular y local se libre de otra manera. Cabe pensar que los adversarios habrán aprendido, tratarán de no cometer errores de bulto y de evitar escándalos, independientemente de que sepan manejar los recursos de que dispongan, entre ellos, el de la lealtad recíproca, que se pone a prueba en todas las alianzas formalizadas.
Pero los nacionalistas han de concentrarse en lo ideológico. El nacionalismo no se construye solo con enemigos y exclusiones. Una organización política debe estar sustentada en bases sólidas desde ese punto de vista. CC prefirió el clientelismo durante tantos años en el poder. Estaba tejido de forma tan intrincada que algunos dudábamos, principalmente en Tenerife, que la presencia y la red pudieran ser desmontadas. Ahora no tienen que partir de cero pero sí comenzar o renovar su implantación territorial. Eso cuesta lo suyo, no solo desde el punto de vista crematístico. Acostumbrados a derroches -lo de la última campaña fue inenarrable- ahora tendrán que saber administrar, incluso lo que no hay. Por eso decimos que solo el rearme ideológico contribuirá a fortalecer la organización, entre otras cosas porque tendrán que redefinir en su seno los objetivos y las estrategias. Seguro que durante los próximos meses aumentarán las voces que demanden más democracia interna y más equilibrio en los órganos de decisión. Y también habrán de saber hacer oposición, lo cual no es simple, sobre todo para transmitir credibilidad y el afán de alternativa. Evitar que la pérdida de poder o el paso a la oposición -un lugar tan digno como el ejecutivo del que han gozado tanto tiempo- resulte traumático constituye otro gran objetivo.
Sobre todo si se quiere estar lejos de esa imagen de mal perder labrada en algunas instituciones, como el cabildo tinerfeño, una incomprensible prolongación de la agonía. Entre eso y los errores de principiante, como desechar a los socialistas la misma noche electoral y pactar con los populares excluyendo a Ciudadanos, la realidad de ahora mismo es bastante oscura. Un trance delicado.

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