FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Amontonamientos en la playas | Salvador García Llanos

No pasa inadvertida, desde luego, la eliminación de los túmulos de piedras en playa Jardín, en el Puerto de la Cruz, promovida por la Fundación Telesforo Bravo-Juan Coello y la iniciativa Pasa sin huella, a la que se suman el Cabildo Insular de Tenerife y el Ayuntamiento de la localidad. La acción se llevará a cabo también en la playa El Beril, en el término municipal de Adeje.

Los voluntarios hicieron su trabajo: acabar con la torres de callaos que alteraron la fisonomía natural confiriendo al paisaje un aspecto entre extraño e incomprensible. Las piedras fueron devueltas a otras zonas de la playa. Claro que su trabajo se vio replicado de inmediato pues en horas posteriores reaparecieron los amontonamientos, obras humanas que alteran, además del paisaje, los ecosistemas, afectando de paso a flora y fauna.

El periódico El País abrió con esta noticia una de sus ediciones digitales del pasado domingo, lo que da idea de la singularidad del hecho. Que sean entidades cívicas las promotoras de la acción, ejecutada por voluntarios, significa una respuesta sensible a una moda extendida en zonas de litoral desde 1987, cuando tuvo lugar en la Costa Oeste de los Estados Unidos la denominada Convergencia Armónica. Aparentemente, no había -y no hay- otro objetivo que apilar las formas pétreas y mantenerlas equilibradas sin ningún tipo de argamasa.

La alteración paisajística equivale a una degradación, según opiniones autorizadas, como la del decano del Colegio Oficial de Biólogos de Canarias, Matías Fonte, quien precisamente explica a El País que la altura de las torres de piedras ocasiona “una pérdida de hábitat para animales y plantas porque debajo de cada piedra hay todo un ecosistema de vertebrados e invertebrados, de bacterias, líquenes y hongos” que se ve perturbado cuando las levantan. Otros expertos, como el catedrático de Petrología y Geoquímica de la Universidad de La Laguna, Ramón Casillas, también advierten de las consecuencias geológicas de este tipo de prácticas.

Tras estos primeros pasos, habrá que contrastar las reacciones, hasta dónde alcanza la iniciativa, tendente a una mejor conservación de recursos naturales y al mantenimiento de paisajes playeros sin adulteraciones que acarrean perjuicios e inducen a confusión. Tendrán que involucrarse las administraciones, con acciones de comunicación didácticas y preventivas. Si se trata de una práctica prohibida, según la Ley de Costas, es cuestión de esmerarse en la aplicación de esta.

Playas sin túmulos ni torretas de piedras. Paisajes naturales, sin elementos humanos que los modifiquen. Esos son los objetivos.

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