FIRMAS Joaquín 'Quino' Hernández

OPINIÓN | El bar de Pepe | Así yo también soy empresario | Joaquín Hernández

Ya lo dice el refrán “a río revuelto ganancia de pescadores” lo que viene a significar que cuanto más compleja es la situación más partido se suele obtener.

La Reforma Laboral decretada por el, en el exilio forzoso Gobierno Rajoy, hará historia en la España del trabajador como la Ley más injusta en el último siglo en nuestro país.

Los empresarios, me refiero a esa calaña de empresarios capaces de comerse las entrañas y el hígado de sus allegados por seguir atesorando poder y dinero, están que se frotan las manos con las infinitas maniobras de “reflotación de la empresa” y de “ajustar presupuestos a los difíciles tiempos que se avecinan” que eso de poder despedir a los currantes por cuatro euros les viene de perita en dulce.

La “suavidad” de la Ley Concursal (antes llamada suspensión de pagos) permite a más de un cabronazo de estos mal llamados “emprendedores” utilizarla con fines escabrosos. No es el primero que se declara en proceso Concursal y que paralelamente en otra empresa con los mismos fines y objetivos con testaferros bajo su mando, se hacen con el activo de esa primera empresa, pactando con los acreedores a la baja el pago de la deuda.

De forma tal que una suspensión valorada en 100 la puede adquirir el propio suspenso, montando empresas paralelas por 20 ó 30.

Vuelven a empezar de 0 pero con unas instalaciones y existencias valoradas en 100, el personal a la calle cobrando por el Fondo de Garantía Salarial y estos hijos de su madre tan panchos y con su buen cochazo y la vida sigue igual.

Ahora que no nos venda milongas el gobierno del Psoe, es urgente la anulación de la reforma laboral de Mpunto Rajoy y realizar una nueva que sea, solamente, justa y digna para el trabajador, con sus derechos y obligaciones, pero JUSTA.

Las presiones de los empresarios, hasta hoy, teniendo en cuenta la provisionalidad del gobierno de Sánchez, han surtido efecto y pese a las presiones de Podemos las promesas del presidente en funciones han quedado en aguas de borrajas.

La derogación de la reforma laboral de la ignominia a los trabajadores es, más que de justicia, una necesidad urgente y apremiante. El empresario se ha acostumbrado a sacar el beneficio industrial a costa del salario del trabajador, el señuelo del sueldo mínimo interprofesional a 900 euros es un espejismo propiciado por lo políticos pero que el empresario incumple llegando a acuerdos tácito con el empleado, “o aceptas o te despido, no hay otra” y lo que se firma en nómina nada tiene que  ver con lo que es la realidad de lo que percibe el trabajador.

Por otra parte, la inutilidad de las inspecciones de trabajo, la connivencia entre la autoridad laboral y el empresario es vergonzosa e incluso delictiva, otra cosa es que todo sea alegal que no ilegal.

Todo se traduce en la conveniencia de inflar las listas de “ocupados”, en que cada trimestre nos vuelvan a engañar con la misma noticia, con el mismo rollo macabeo de que el  paro baja y que aumentan las cotizaciones en la seguridad social, cuando la realidad es que tus familiares siguen buscando un empleo estable y, por lo menos, “decoroso”, tus vecinos semana si, semana no, están engrosando las listas del paro obrero, la pobreza sigue endémica, y lo peor de todo es que los políticos, más preocupados por la poltrona y el poder que por solucionar los problemas de la gente no da la impresión que el tema pueda cambiar a corto o medio plazo.

La crisis existe y no me vale la estadísticas en cuanto a los españoles que se van de vacaciones, ni los que dicen que la situación mejora cuando van a comer a un restaurante un fin de semana y lo ven lleno y sin posibilidad de encontrar mesa, o el aumento de venta de vehículos de turismo. Para nada es síntoma de crecimiento económico y salida del agujero, que un 25% de la población disponga de posibilidades de cambiar de coche, irse de vacaciones o comer los fines de semana fuera de casa, no significa nada de nada, por mucho que los economistas nos vengan con historietas de “España va mejor, mucho mejor” la realidad es que seguimos con más pobreza y miseria, incluso en la población trabajadora que a duras penas puede comer el pan nuestro de cada día.

 

 

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