FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Silencio impenetrable | Salvador García Llanos

En una época en la que todo se sabe o trasciende, lo que es verdad y lo que es mentira, resulta llamativo hasta el asombro que no se haya sabido nada de las causas que han determinado la renuncia de Luis Enrique a su cargo de seleccionador nacional de fútbol. Una suerte de pacto tácito en el que las partes no dieron lugar ni a conjeturas simples ni insinuaciones fundamentadas ni filtraciones. Se respetaron recíprocamente. Punto. Y cumplieron. Lo cual es de agradecer. Ha sido el silencio impenetrable.

Es un caso insólito. Una retirada, la de Luis Enrique, en vísperas de un encuentro oficial, con petición de reserva absoluta. Es como si todo el periodismo a la vez -y miren que es difícil eso- hubiera entendido el mensaje y adoptó de inmediato una actitud ética basada en un concepto que está escrito: el respeto a la privacidad. Nunca antes se había registrado una dimensión tan certera y tan escrupulosa: el universo futbolístico español y el mediático, tan interconectado por razones palpables y latentes, se pusieron de acuerdo para no traspasar la línea trazada por el ya ex seleccionador.

El silencio impenetrable ha sido incluso solidario. Nada mejor para sobrellevar el trance, cualquiera que haya sido. Los deportistas y los medios, que se necesitan, entendieron que las razones de Luis Enrique y su solicitud humana debían ser respetadas. Solidaridad y comprensión, sin entrar en detalles. Ni en las redes sociales una superficial alusión, una indiscreción que hubiera hecho incontrolable la fiebre. Cabe congratularse.

De vez en cuando la vida, con permiso del poeta, afina con el pincel. Y nos sentimos en buenas manos, para llevarnos gratificantes sensaciones como esta. Aunque estén envueltas en un silencio impenetrable que es un precedente. Un silencio que demuestra que cuando se quiere, se puede.

Y se respeta.

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