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OPINIÓN | Otra raya para el ‘Tigre’ | Salvador García Llanos

El primer futbolista canario olímpico habría de tener su libro. Y en eso llegó Rafael Lutzardo para llenar el vacío. Fíjense en la composición fotográfica de la portada: al pie, luce el entorchado nacional en el Estadio Azteca y al lado aparece Johann Cruyff, uno de los grandes de todos los tiempos, flanqueado por dos tinerfeños, Juanito ‘el Vieja’ y José Antonio Barrios, ‘el Tigre’. El título y la selección gráfica ya son indicadores suficientes de una motivación respetable que hace justicia a una de las figuras profesionales del fútbol canario.

Hoy estamos aquí para acompañarles, a Barrios y a Lutzardo, a Morales, de Aguere e Ideas, responsable de la edición, a quien hay que agradecerle que en sus iniciativas haya tenido siempre un hueco para la temática deportiva. Satisface compartir el momento con redactores y profesionales de la información deportiva, con estudiosos y memorialistas del fútbol, con compañeros y técnicos que conocieron el éxtasis y los sinsabores de la cancha, el nervio de los vestuarios, la incertidumbre de las gestiones en los despachos y hasta la interpretación de los titulares de prensa.

El “saco de los golpes” -si estuviera Antonio Salgado por aquí, hubiera dicho el “punching ball”-, un ‘9’ clásico, el arquetipo de esa demarcación en una concepción balompédica que se prolongó durante años, sistemas y tácticas. Para jugar ahí y asumir ese rol había que reunir ciertas cualidades: ‘el Tigre’ las tenía. Garra, temperamento, pundonor, riesgo, velocidad y remate.

De ello y de los avatares de su trayectoria, pero también de la esfera personal, de su infancia y adolescencia, de su humanismo, de sus estancias en otras latitudes y de sus inquietudes como entrenador y descubridor de valores, se habla en las casi cien páginas de esta obra, iniciativa de Lutzardo, que recopila testimonios y referencias de prensa que describen la personalidad de Barrios, apellido que da nombre, por cierto, a la puerta número nueve del estadio Rico Pérez, en Alicante, escenario de tantas tardes de gloria del Hércules en el que militó durante cuatro temporadas de la década de los setenta y con el que disputó ciento quince partidos. Aún se recuerdan en la ciudad mediterránea algunos de sus goles y, sobre todo, sus celebraciones: las de un “Tigre” depredador que marcaba y se subía a las vallas a gritar la conquista y a fundirse en un abrazo con los aficionados que le jaleaban. Y no le olvidan.

Para la posteridad también quedó, por cierto, la rotulación con su nombre de una plaza de Santa Cruz de Tenerife, cristalización de un acuerdo plenario de la corporación capitalina de 26 de octubre de 2012.

Plumas y voces ilustres se suceden en estas páginas de tributo a la memoria del “Tigre”, “uno vestido de rojo”, como se titula el documentado trabajo de Luis Padilla que consigna una sabrosísima anécdota de la madre de Barrios: “José Antonio, ve a devolver ese dinero inmediatamente”, le dijo -creyendo que lo había sisado- cuando apareció con las veinticinco mil pesetas del año 1969, importe del primer contrato profesional a la vuelta de México.

“Goles de todas las facturas: argumentos contundentes”, escribe Juan Galarza, quien recuerda la obtención del Trofeo Pichichi que otorgaban los periódicos Arriba y Marca a los máximos realizadores de las divisiones nacionales. Quince tantos anotó Barrios en el ejercicio 1967-68, antes de su internacionalidad olímpica.

Domingo Álvarez confiesa escribir al dictado de sus sentimientos, saboreando el fútbol de entonces y “los procedimientos austeros” de asistencia a los campos, para hablar de alguien que enamoró por el fragor de su bravura, un peculiar ícono blanquiazul cuyo rugido “disfraza a un hombre noble”.

“El protagonista de los sueños de mi niñez”, revela José Manuel Pitti en una semblanza no exenta de emoción experimentada, “hechizo y encantamiento”, cuando le entrevistó por primera vez, hasta que la amistosa relación posterior le hizo descubrir al deportista “con las dimensiones de su alma y las medidas de su corazón infinito”.
José Antonio Pérez León también plasma las cualidades humanas del protagonista de este libro: “Siempre fue una persona ejemplar, atenta y caballerosa, elegante y siempre dispuesto a colaborar y enseñar, con su buen hacer y su bonhomía tan peculiares y que todos los que le profesamos aprecio, siempre admiramos”.

Luego, Teobaldo Pérez Arnay inicia una serie de testimonios de amigos, compañeros, técnicos y allegados que, junto al suplemento de reproducciones periodísticas, completan un relato interesante que se lee con fruición y que hace honor a la trayectoria profesional y deportiva de alguien que no solo jugó en varios equipos de postín sino que en todos marcó goles y participó en unos Juegos Olímpicos, sino que se ganó a pulso el reconocimiento de cuantos compartieron sus inquietudes y sus afanes.

Gracias y enhorabuena a Rafael Lutzardo por haber confiado en uno para prologar y presentar este libro que es un tributo sincero y sentido a un deportista que ya entre en la historia del fútbol canario y del fútbol español con todo merecimiento, José Antonio Barrios. Una raya más para ‘el Tigre’.

Felicitaciones.

Fotografía: Facebook

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