FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Una negativa cabal | Salvador García Llanos

El candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Popular (PP), Pablo Casado, tiene muchas ocurrencias. Una diaria, prácticamente. Lo saben muchos conservadores que observan con desazón cómo baja la cotización a medida que sus planteamientos cruzan los cielos mediáticos, incluso los más cercanos ideológicamente. Pero bueno, ya habrá tiempo para ajustar cuentas.

Sin embargo, entre los dichos recientes de Casado hay uno que llama la atención por su razonabilidad, aunque luego haya repartido a siniestra para compensar. Pero hay que ponderar la coherencia cuando es menester.

Se descuelgan desde el partido innombrable con una insólita propuesta en la convivencia social y democrática del país: autorizar la tenencia de armas para legítima defensa. Entonces va Casado y dice que esto no es el salvaje oeste, que la gente no debe ir con armas por la calle o tenerlas en su casa. Le echa la correspondiente dosis de demagogia, “lo que pretendo es subir el sueldo a la Guardia Civil, Policía Nacional y al resto de cuerpos de seguridad”, pero es tajante en su negativa y ello resulta plausible.

Porque se supone que habrá valorado las consecuencias de esa infausta iniciativa. ¿Armas? No, por favor. Ya conoció España la dialéctica de los puños y las pistolas. Ya hubo demasiada represión. Ya deberían estar superados los tiempos en que las libertades quedaban proscritas, si fuera necesario, por las armas; y cuando quedó comprobado que los disparos y los impactos, lejos de resolver, complicaban y alimentaban las diferencias y los afanes de revancha. El uso de armas es para dañar y destruir: que se lo digan a los americanos y a esas otras sociedades donde su empleo indiscriminado ha generado matanzas y catástrofes. No, esa cultura armamentista no. Más importante que pegar tiros es leer un libro, asistir a un espectáculo teatral o interpretar un cuadro.

Por eso ha hecho bien Pablo Casado a quien hay que atribuirle el beneficio de la duda: se supone que habrá dicho lo dicho para zanjar cualquier tentación o para impedir que le sigan preguntando por tan notable disparate proveniente del innombrable.

En la proliferación de ocurrencias que va coleccionando en su recorrido por la geografía preelectoral, esa oposición al derecho a ir armado ha sido de lo más coherente.

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