FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Intervencionismo | Salvador García Llanos

En un foro especializado convocado en Madrid esta misma semana que versaba sobre reposicionamiento hotelero, pusieron sobre la mesa la cuestión del papel que debe tener la Administración en la reconversión de un destino turístico. Es un asunto sensible que entraña algunas controversias, como se puso de manifiesto en la  convocatoria: mientras una corriente propugna sin reservas la colaboración público-privada ,desde otros ángulos no son muy partidarios de pedir el apoyo pero sí de facilitar las tramitaciones y no poner obstáculos en el desarrollo de actuaciones e inversiones.
Los resultados son desiguales al calor de las experiencias que se han ido acumulando en distintas comunidades. Es evidente que para afrontar una reconversión se hace muy necesario un estudio  previo, bien fundamentado, que disponga del máximo consenso entre las partes para orientarlo a un compromiso y un logro colectivo. Dando por hecha la voluntad política, el impulso de la Administración -o de las administraciones, caso de los consorcios- es primordial, sobre todo cuando la iniciativa privada ha dejado pruebas de pasividad, de recelo y hasta de falta de imaginación para  dotar de contenidos a los planes y acciones que se desee ejecutar.
De modo que los sectores público y privado están condenados a entenderse para asumir una tarea de cierta envergadura en la que es esencial saber qué se quiere, con qué recursos se cuenta y cuál es el modelo que se pretende diseñar o rediseñar para seguir siendo competitivos. Claro que no es fácil: la planificación es determinante para saber integrar y encajar las acciones que se quiera  llevar a cabo. Esa planificación, cuanto más participativa y transparente, cuando más difundida, mejor. Es indispensable para sembrar las bases de concienciación de los agentes sociales. La población tiene que hacer suyos, tiene que identificarse con los procesos que requieren de una dinámica que transmita seguridad y   certeza de que los objetivos están al alcance y son positivos. Infraestructuras, jardines, dotaciones… en todo aquello que sea competencia de la Administración, hay que ser exigentes pues la impresión que se lleven los visitantes puede ser clave para fidelizarles y proyectar el propio destino. Pero los actores privados también deben esmerarse para ofertar servicios y prestaciones al nivel de las exigencias de los clientes.
Quienes desde la otra perspectiva solo aspiran a ver culminadas sus inversiones, (“que no entorpezcan”, dijeron en el foro de Madrid), casi al precio que sea, sin reparar en cumplimiento de directrices, deben saber que no todo el monte es orégano. No es malo que reivindiquen facilidades pero todo tiene su orden y sus límites, sus ajustes y sus respetos para que el resultado final sea óptimo.
En cualquier caso, a la Administración, más o menos intervencionista, le corresponde un papel importante. Debe transmitir eficacia y credibilidad. Y para ello se tiene que entender y coordinar con los agentes sociales.
Para que estos se identifiquen.

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