FIRMAS Francisco Pomares

A babor | La podemización del Presupuesto | Francisco Pomares

Anda el personal revuelto porque el documento de 50 folios del acuerdo presupuestario de Podemos y el PSOE se suscribió bajo los logotipos del Gobierno de España y de Unidos Podemos. Y es que los acuerdos políticos no se firman entre el Gobierno y un partido, sino entre partidos o grupos parlamentarios, como sabe cualquier estudiante de primer curso de Ciencias Políticas.

Pero eso no deja de ser una anécdota que demuestra la inexperiencia del equipo de Sánchez, el mismo desconocimiento que llevó al Gobierno a encabezar el acuerdo para la devolución de los recursos hurtados al Convenio de carreteras de Canarias con el logotipo de una de las islas baleares. Torpezas.

Pero lo preocupante del acuerdo político entre el PSOE y Podemos (entre Sánchez y Pablo Iglesias, sería mejor decir) es que se trata de un acuerdo que no responde a la filosofía política del PSOE, ni a su tradición de respeto al marco legal presupuestario y a las líneas rojas establecidas por Bruselas. Y además no cuenta con apoyos para prosperar. Es un acuerdo de máximos, que más parece planteado para vender que son otros los que se oponen a acabar con la austeridad.

Otros los contrarios a un aumento del gasto de 5.000 millones (el presupuesto 2019 debía incorporar, de acuerdo con lo negociado con Bruselas, una reducción de 6.000 millones de euros en el déficit), y un aumento del salario mínimo interprofesional de nada menos que el veintidós por ciento. El mayor aumento decretado en la historia del salario mínimo. Es cierto que el acuerdo no cuenta -ni parece fácil que llegue a contar- con los votos suficientes para llegar a materializarse en los términos en los que ha sido suscrito, pero si prosperara, supondría la aprobación de unas cuentas incompatibles con mantener el ciclo expansivo que caracteriza la economía española desde el año 2013.

Es cierto que la característica definidora del crecimiento económico español ha sido la desigualdad creciente entre los más ricos y los menos ricos, pero estos presupuestos no solucionan ese problema, probablemente lo agravan: porque una cosa es la cosmética de las propuestas como deseos, su valor electoral, y otro los resultados: la economía se encuentra desde hace meses en una fase recesiva de creciente desaceleración, presionada por el aumento del precio del crudo y del dinero, y por la tendencia a la baja del PIB. A eso hay que añadir la incertidumbre económica mundial, y los resultados desastrosos de la inminente guerra comercial. Plantear -como hace el proyecto- un aumento de los impuestos y los gastos difícilmente contribuirá a reducir el déficit del sector público: el presupuesto contempla más de 4.000 millones de nuevo gasto estructural, mientras los impuestos sitúan la recaudación de más en torno a los 3.000 millones. En cuanto al aumento del salario mínimo, se convertirá en una suerte de castigo a la creación de empleo.

El PSOE ha pactado con Podemos un presupuesto tan voluntarioso como irreal, incompatible con la reconducción del déficit público, con la estabilidad, el crecimiento y la creación de nuevo empleo. Es el presupuesto que hoy plantearía un partido de la izquierda extraparlamentaria. Y eso solo tiene dos explicaciones: o el PSOE lo ha negociado así porque sabe que no puede salir, que no va a contar con apoyos y con el visto bueno de la Unión Europea, o el PSOE ha sido abducido por Podemos. Lo primero sería más cinismo. Lo segundo, la certificación de un verdadero desastre.

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