FIRMAS Francisco Pomares

A babor | Pensiones privadas | Francisco Pomares

Se ha montado una extraordinaria escandalera a cuenta de una información de Europa Press sobre las pensiones privadas de Pedro Sánchez y la dirección del PSOE. La mitad de la ejecutiva socialista tiene planes de pensiones privados complementarios, y Pedro Sánchez lleva invertidos 84.000 euros en su futura jubilación.

El problema -a mi juicio- no es que Sánchez tenga o no tenga un plan de pensiones de refuerzo del que le pueda corresponder como empleado del PSOE. Casi todos los españoles que pueden permitírselo aportan dinero a planes privados, entre otras cosas porque es un sistema que permite ahorrar y pagar menos en la declaración de la renta. En la mayoría de los países europeos, especialmente en donde las pensiones son proporcionalmente inferiores a las que se abonan en España (ocurre en la mayor parte de la Europa rica), los ciudadanos acceden con absoluta normalidad a las pensiones privadas, muchas veces por aportación de las empresas que los contratan. Cuando uno negocia su salario, se interesa también por los pagos que su empresa realiza a planes de pensiones alternativos. Los fondos de pensiones privados -ya sean gestionados por entidades financieras, mutualidades o sindicatos- son hoy el mayor caladero de recursos económicos del planeta. Sin ellos y sin su aportación a la compra de deuda soberana, una inversión bastante estable, la economía moderna no se entendería.

Cuestionar la existencia de planes privados de pensiones es una idiotez. Más aún cuando se es partícipe de uno de ellos, como le ocurre a Pedro Sánchez. Pero el nuestro es un país cada día más idiotizado por la demagogia y lo políticamente correcto. Un político sensato plantearía que los planes de pensiones privados son una alternativa razonable para quien pueda permitírsela, y estudiaría de paso la posibilidad de que las empresas españolas abonaran a planes privados una pequeña parte del salario, como mecanismo para mejorar las prestaciones futuras de jubilación. De hecho, hay empresas que ya lo hacen. Un político sensato no utilizaría la técnica de demonizar las aportaciones a planes privados, dedicaría su esfuerzo a exigir el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones y defendería un sistema público viable, sin necesidad de apuntar una falsedad tan chusca como la de que el actual Gobierno quiere bajar las pensiones atendiendo a perversos intereses de los fondos privados. El primer Gobierno que decidió congelar las pensiones (con la excepción de las más bajas) fue el Gobierno de Zapatero, aunque eso lo haya olvidado el señor Sánchez. Y cuando un Gobierno congela o reduce las pensiones es porque prefiere atender subidas a sus funcionarios, o gastarse el dinero que recauda en otras cosas, ya sea rescatar autopistas, invertir en AVE o comprar tanques. No porque tenga especial interés en que los fondos privados se enriquezcan.

Con argumentos como ese, el verdadero debate se pierde en un recorrido inane: en España hay que empezar a plantearse cambios importantes en el modelo de pensiones. Para empezar, garantizar las actuales tirando del presupuesto, porque el déficit del sistema no se va a resolver en los próximos años. Y yo creo que también hay que hacer pedagogía -especialmente entre los jóvenes- sobre la necesidad de ahorrar -cuando eso sea posible- para un futuro en el que habrá menos trabajo que ahora y menos recursos para la jubilación de muchos más pensionistas que ahora. Decirles que hagan como Pedro Sánchez: que guarden si pueden. Y mientras lo hacen, que exijan al Gobierno gastar mejor sus recursos. Puestos a elegir, si no se pueden hacer las dos cosas, probablemente sea más justo y más decente actualizar a los pensionistas que hacerlo a los funcionarios. Pero eso no va a decirlo nadie. Mejor un poco de demagogia.

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