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Agua, cordura | Salvador García Llanos

Algunos datos publicados ayer, coincidiendo con el Día Mundial del Agua, son, además de reveladores, estremecedores. Veamos:
 
Unos mil ochocientos millones de personas utilizan una fuente contaminada por material fecal. En torno a mil niños mueren diariamente en todo el mundo a causa de enfermedades vinculadas con el agua. Casi dos mil cien millones de personas viven sin agua potable. Seiscientos sesenta y tres millones de personas viven sin suministro de agua potable cerca de su hogar. El agua no potable y unas obsoletas o inexistentes infraestructuras sanitarias son la causa de ochocientas cuarenta y dos mil muertes al año (Fuente: Cruz Roja).
 
Cuatro mil quinientos millones de personas (seis de cada diez) no disponen de un saneamiento seguro. Ciento cincuenta y nueve millones beben, hoy en día, agua no tratada procedente de aguas de superficie, como arroyos o lagos. Doscientos sesenta y tres millones tienen que emplear más de treinta minutos por viaje para proveerse de agua de fuentes que se encuentran lejos de su hogar. (Fuente: Organización Mundial de la Salud y Unicef).
 
Tenerife necesita invertir unos mil millones de euros para el tratamiento del agua. De esa cantidad, unos cuatrocientos millones son para estaciones depuradoras. En estos momentos, se reutilizan anualmente doce de los sesenta y cuatro hectómetros cúbicos de aguas residuales que se generan. De este volumen, se recogen treinta y ocho hectómetros cúbicos, se depuran veinticuatro y se aprovechan solo doce. Se trabaja actualmente en un Diagnóstico de Propuesta de Saneamiento para cada municipio. Las balsas de la isla, pese a las lluvias de los últimos meses, se encuentran al 60 % de su capacidad. Las sombras de la sequía para el próximo verano siguen apareciendo. (Fuente: Consejo Insular de Aguas).
 
Claro que hay razones para preocuparse. Sin agua, no hay vida; así que tengamos cordura, hagamos el esfuerzo necesario indispensable para entender la dimensión del problema a escala mundial, principalmente en zonas o territorios donde el cambio climático, los procesos de desertización, la propia explosión demográfica, la escasez de recursos y la carencia de políticas estructurales y eficientes impiden una equilibrada disponibilidad y la garantía de su abastecimiento, además de su sostenibilidad. Naciones Unidas refrendó en 2010 la condición de Derecho Humano del agua, luego los poderes públicos han de hacer todo lo que esté a su alcance para fortalecer su carácter de bien público y garantizar el acceso al mismo. No hace falta decir que, con los considerandos apuntados, los riesgos de especulación con el líquido elemento, la degradación de los ecosistemas, las enfermedades, la mortandad elevada y la exclusión social son más que evidentes.
 
Sin agua, o con restricciones de esta, no hay bienestar. La salud humana y el medio ambiente se deterioran sin límite. No hablemos de la inseguridad alimentaria y energética. Por lo tanto, hay que educar e invertir: educar para un adecuado uso y cuidado de los recursos hídricos; invertir de modo que las administraciones públicas actúen en consecuencia, es decir, sabiendo que la planificación y gestión de tales recursos, en las condiciones naturales y medioambientales reseñadas, obligan a ser sensibles, implicarse, coordinarse y obrar con determinaciones prioritarias.
 
Lo expresaba el consejero del Cabildo Insular, Manuel Martínez, en un interesantísimo informe que publicaba ayer en DIARIO DE AVISOS Jessica Moreno. “Es uno de los problemas más importantes, por encima incluso de las carreteras, sobre todo en lo que respecta al cuidado del medio ambiente”, decía Martínez. Está claro: la movilidad es esencial, en todos los aspectos; pero mucho más es acceder sin trabas ni problemas, en una isla donde el turismo es fuente de producción y la agricultura no puede verse más mermada, al consumo de este Derecho Humano y natural que figura también como uno de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados por la ONU.
 
El agua, pues, vital. Eso significa que hay que echar, por encima de todo, cordura.

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