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Coso: ¿A las cuatro o a las seis? | Salvador García Llanos

El alicaído Carnaval del Puerto de la Cruz anda envuelto ahora en una de esas absurdas polémicas que, lejos de reactivarlo, o reanimarlo, merma todavía más su proyección y su propia capacidad de acogida y participación. Anda el personal bastante desconcertado y desanimado con la oferta carnavalera, de modo que si le añaden ingredientes de esos que terminan desnaturalizando, mal rumbo para la fiesta.
 
La controversia es una cuestión horaria. A alguien se le ha ocurrido -seguramente razones habrá- modificar el comienzo del coso -otrora llamado, en programas y manifestaciones varias, apoteosis, con razón, desde el momento que era una manifestación de gran entusiasmo en algún momento de una celebración colectiva- señalado para las cuatro de la tarde, incluso desde cuando tenía lugar el lunes carnavalero, para arrancar a las seis, cuando atardece. Pero cuando va quedando menos luz diurna, uno de los grandes factores de brillantez y esplendor a poco que hiciera buen tiempo.
 
Dicen que, entre esas razones, figura la posibilidad de contar con grupos carnavaleros de Santa Cruz de Tenerife, desde hace unos años desaparecidos bien porque despiden en la capital su gran fiesta bien porque los responsables de esta no les permiten -dicen también- participar en la portuense.
 
Sea como fuere, el coso del Puerto de la Cruz no se levanta con un cambio horario. Y menos como el que es objeto de la polémica. A las seis, que en la práctica será, como mínimo, media hora más tarde, no solo palidece el día sino que la mayoría de turistas alojados en sus hoteles -principalmente los de ‘todo incluído’- querrán prepararse y acudir puntualmente a la cena (los comedores se abren alrededor de las siete). Entonces, resultará complicado -salvo los que se alojen en establecimientos cercanos y vayan directamente, sin pasar por las habitaciones- que acudan como espectadores que vienen a divertirse y a disfrutar del supuesto espectáculo. Si a eso se añade que la noche se echa encima más rápido de lo que percibimos, mucho nos tememos que el coso termine adjetivándose nocturno. Ni siquiera un supuesto argumento ‘ahorrativo’ como pudiera ser la supresión de la cabalgata anunciadora, sería válido para aprobar la ocurrencia del nuevo horario.
 
Vamos a ver: a lo largo de los últimos años, se ha demostrado el empobrecimiento del Carnaval portuense, sobre todo, del coso, poco atractivo, menos musical, con evidente menor participación y menos atractivos. Una celebración como esta, el coso como una de las principales convocatorias del programa carnavalero, no debe estar -salvo alguna coyuntura excepcional y forzada- supeditada a modificaciones horarias sino a un trabajo más serio y continuado de fortalecimiento de los propios contenidos carnavaleros, esto es, el fomento de los grupos, el estímulo de sus bases, las dotaciones de ayudas y locales para que haya ambientes adecuados que, de paso, hagan crecer el espíritu -y la materia- de la fiesta.
 
Una concentración en movimiento, un desfile de grupos, colectivos o individualidades, tiene éxito -y proyección turística, no nos olvidemos- si está cuidado y cultivado desde dentro, si cuenta con alicientes -la participación de representaciones alemanas o de otra nacionalidad es digna de consideración- y se hace en fechas, marcos y horarios apropiados. La gran verdad es que en el Puerto hay menos grupos y los ánimos carnavaleros se han debilitado.
 
Esto es lo que hay que revisar y corregir. Hoy ya, casi en todos sitios, se hace Carnaval, con su dimensión y su afán de divertimento. Es una fiesta en la que hay que cuidar la propia personalidad y buscar rasgos diferenciadores. El Puerto tuvo eso. Ahora ya, corre evidentes riesgos de haber perdido encantos… y hasta su sitio o estatus carnavalero.
 
Ahora, se discute -murgas al margen, porque casi no hay- si a las cuatro o a las seis. Como si el municipio no tuviera otras cuestiones más serias de las que ocuparse.

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