FIRMAS Salvador García

Las banderas no están para ser quemadas | Salvador García Llanos

Estamos a catorce días. La recta final es vertiginosa. La sucesión de hechos, gestos, teatralidades, declaraciones, réplicas, advertencias y dislates hacen cada vez más incierta la suerte del referéndum catalán. Ya escribimos que el cerco se estrecha. El engranaje de la máquina de la justicia sigue funcionando: puede que, de aquí al primero de octubre, con papeletas autoimpresas o sin ellas, con urnas o sucedáneos, haya alguna sorpresa. Veremos.

En medio del tráfago, quedémonos con alguna afirmación sensata, de esas que, tal como están las cosas, se agradece. La ha hecho el responsable diplomático francés en Barcelona, Raphael Chambat, después de que en la celebración de la Diada unos encapuchados -qué miedo da esto, de verdad-, se supone que radicales, quemaron las banderas de España, Francia y la Unión Europea. La acción fue reivindicada por las juventudes de la CUP y aireada convenientemente en las redes de ciudadanía.

El señor Chambat reaccionó como puede esperarse ante la afrenta. Condenó el hecho y enfatizó: “No aceptaremos, bajo ningún concepto, que nuestra bandera sea quemada”. Es una afirmación para aprender, más allá del chovinismo galo y de la “grandeur”: es una forma hasta de educar, de saber lo que son los símbolos de la Patria y de cómo deben ser respetados. El diplomático, fiel a su espíritu, señaló: “Que pidan disculpas al pueblo francés”.

No las espere, monsieur Chambat. Al contrario, es probable que en medio del delirio alguien diga que es libertad de expresión. Pero este suceso seguro que en Francia hubiera sido condenado por un tribunal. Si no recordamos mal, desde principios de siglo está penalizado con la cárcel. “Es un insulto a Francia, a mi país y a todos los franceses”, remató el diplomático, antes de insistir en que había que pedir disculpas.

Pero esto ya no hay quien lo controle. Elnacionalcatalanismo avanza asumiendo que vale todo en las circunstancias que caracterizan la causa independentista. Mal sigue, por cierto, quemando banderas de países tan poco sospechosos como Francia o de organizaciones supranacionales como la Unión Europea. Si así van a comportarse, mejor no imaginarlo.

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