FIRMAS Salvador García

Una decisión coherente | Salvador García Llanos

Hace menos de un mes, el diario El País, previa información a sus lectores, dejaba de publicar anuncios de contactos, de servicios sexuales o de relax. Se trata de una decisión respetable que, probablemente, será seguida por otros medios que se ven privados de una fuente de ingresos que, hace unos años, por cierto, llegó a ser muy copiosa. Ahí se planteaba una suerte de contradicción, una especie de pugilato: reivindicación constante, con diversa profusión de tratamientos, especialmente en ocasión de fechas señaladas, de la dignidad de la mujer, de la igualdad y de los valores femeninos, frente a la oferta, sin adjetivaciones, de la degradación y de la subsistencia con el cuerpo como único recurso.
 
Era, o es, un debate ético resuelto en el citado periódico con la supresión de un escaparate. Una decisión basada en la defensa de los derechos de la mujeres, titulaba al dar cuenta de la determinación editorial, fundamentada en las propias quejas de sus lectores. Es difícilmente compatibilizar informaciones o mensajes que resumen condena o dignidad con páginas donde se anuncia el consumo de sexo, invitando, por tanto, a mercadear y a fomentar las prácticas que, salvo excepciones, agrandan el negocio que tantos aspectos turbios ha ofrecido y ofrece.
 
Cierto que la prostitución no es ilegal en nuestro país pero algunas modificaciones han puesto de relieve que un problema como la trata de seres humanos merece el rigor de la penalización. Este dato aportado por el mismo periódico, el rescate de cuatro mil trescientas víctimas de la explotación sexual en el quinquenio 2012-16, es revelador de la complejidad del fenómeno.
 
A ello hay que añadir el hecho de que una gran mayoría de mujeres ofrecen su servicios sexuales a partir de una situación de práctica o real esclavitud. Las noticias de operativos policiales desmontando tramas y redes en las que figuraban personas de muy distintas nacionalidades y de distintos grupos de edades inciden en la globalización del problema y en las dificultades para hallar una solución eficaz a factores intrínsecos como la trata de personas para la explotación sexual, la prostitución de menores o el proxenetismo.
 
El País ha cortado por lo sano después de una profunda investigación en las raíces del problema y de haber contrastado centenares de estudios y opiniones que aconsejaban una decisión coherente, no solo con su línea editorial sino con los comportamientos de una sociedad que encara el porvenir con necesidad de romper ciertos estereotipos. Esta determinación no erradica la prostitución y sus derivados pero contribuye a la dignificación y a la toma de conciencia. Es un paso que alguien debía dar. Lo ha hecho, además, en la dirección adecuada y ojalá sirva de modo ejemplarizante. Por encima de todo, la dignidad.

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