FIRMAS

25 años de Ben Magec y la agonía del ecologismo en las Islas | Michel Jorge Millares

César Manrique en Los Pocillos (1988. Dcha. yo trabajando)

 Se cumplen 25 años de la creación de la Federación Ecologista Canaria Ben Magec. Participé en las reuniones para crear la Federación como miembro de la directiva de ASCAN que, junto a la tinerfeña ATAN eran las asociaciones pioneras del ecologismo en España. Fue un proceso interminable de reuniones en las islas. En Haría, en Mazo, Tenerife o Fuerteventura… el acuerdo llegó en La Palma y no fue fácil. ASCAN tenía entonces más de mil socios, con una directiva de expertos de distintos ámbitos y un grupo de voluntarios que habían obtenido la acreditación de guardas honorarios de caza y naturaleza con formación para poder intervenir en incendios. Nuestro presidente era José Julio Cabrera Mujica, empleado de banca (casi a punto de jubilarse realizó la carrera universitaria de Geografía), discípulo de Gunther Kunkell, Jaime O’Shanahan y otros veteranos defensores de la naturaleza como Servando Peláez o Luis García-Correa, entre muchísimos otros. Le siguió en el cargo el biólogo experto mundial en tortugas marinas o foca monje, Luis Felipe López Jurado.

Nuestra posición era defender un modelo de organización que pusiera el énfasis en la afiliación –captar socios garantizaba la independencia de la asociación y la implicación de la población- y realizábamos un amplio trabajo con los socios para poder garantizar a la organización la constancia en el análisis, intervención en los procesos administrativos (infraestructuras, planeamiento urbanístico, leyes, denuncias…) y acciones, con un gran esfuerzo para llegar a la sociedad y a los socios con actividades muy variadas y la presencia en los medios de comunicación existentes.

Había otras asociaciones similares como El Guincho en Lanzarote o ATAN y una treintena de grupos locales (hay que reconocer a muchos, pero me basta citar a La Vinca o Turcón por su rigor y constancia), pero había otros surgidos de movilizaciones muy concretas y con mucho mérito cuya existencia era –en ocasiones- unipersonal. Nuestra postura ante la federación de todos estos grupos era que no se podía fundamentar en colectivos y lemas porque socavaría la credibilidad y representación de nuestra (y las otras) asociación. Sin embargo, las demás asociaciones abogaron por la unidad detrás de unas siglas para hacer fuerza común en el Archipiélago. Yo imaginé entonces que detrás de este empeño que defendieron los representantes de El Guincho (con quienes debatíamos a diario nuestro rechazo) podría estar la visión de César Manrique de un movimiento ecologista unido y fuerte en el Archipiélago, como me comentó en una ocasión en El Almacén. No lo sé, otros tendrán que decir si fue así… Pero en la misma reunión que se acordó crear la federación, en Mazo, (1992, año del quinto centenario del Descubrimiento) comenzaron las controversias al plantearse por algún colectivo emitir un comunicado como Federación en contra de la celebración del acontecimiento histórico y calificarlo como un genocidio, con lo que no estábamos conformes porque entre la directiva y los socios de ASCAN no aceptábamos tal afirmación ni tal causa, o por lo menos, no entendíamos a qué venía esa cuestión en un mundo en el que la historia está plagada de fenómenos de conquistas, colonizaciones, expolios y genocidios… Por lo que no queríamos entrar en un mensaje que podría ser discutible razonadamente y que se alejaba de los objetivos estatutarios de nuestra Asociación.

Pero, como dije antes, crear la federación era lo que consideraban necesario en aquel momento, anteponiendo la unidad con el supuesto objetivo de ampliar el apoyo social al ecologismo en las islas. Nosotros considerábamos errónea la estrategia y defendíamos –sin éxito- que era necesario organizaciones estables en cada isla, ámbitos de coordinación insular y autonómica para mantener la labor de defensa del medio con constancia y anticipación, no con el modelo impulsivo y pendular -muy manipulable- de campañas o movilizaciones sobre un barranco o contra una construcción.

Era una época conflictiva, con una autonomía en pañales y con las primeras leyes de protección de espacios naturales. Pero se hacía un trabajo notable con una implantación notoria de la asociación y casi diaria presencia en los medios. Puede que fuera necesario crear la Federación, pero se corrió el riesgo de que las asociaciones y colectivos se diluyeran en dicho ente y perdieran sus potencialidades. Y creo que así ha sido.

Asimismo, Ben Magec nació en uno de los peores momentos de la historia del ecologismo en Canarias: César Manrique falleció ése año (hace ahora 25 años) en un inesperado accidente de tráfico al saltarse una señal de stop en el cruce que unía la carretera de la Fundación con la que va de Teguise a Arrecife. El choque lo sentimos todos, porque a todos nos llegó el golpe con toda su dureza. El ecologismo canario quedó huérfano (y creo que hasta nuestros días). El compromiso de Manrique ante los medios, frente a los tractores, o creando foros internacionales y su propia Fundación para que su mensaje llegara a todo el mundo, auguraba un liderazgo y una proyección sin límites, pero todo se esfumó o, por lo menos, se intenta mantener sin aquella capacidad vital que imprimía César a todo lo que hacía.

Aunque parezca lo contrario, me alegra que Ben Magec celebre la fiesta de su aniversario. Pero creo que fue una iniciativa errónea en su configuración que dio lugar a la desarticulación de diversas organizaciones que prácticamente han desaparecido, sin que Ben Magec supusiera un mayor esfuerzo o tenga una mayor visibilidad en la sociedad canaria (salvo en ocasiones puntuales, como es normal, más por el hartazgo ciudadano que por la dinámica de la Federación, como el caso de las prospecciones petrolíferas). Además, no ha aparecido un liderazgo como el de Néstor Martín-Fernández de la Torre o el de César que anime o estimule la colaboración de amplios sectores e imponga respeto o cierta aprensión entre los especuladores y representantes públicos. Tampoco creo que haya ninguna asociación o colectivo que tenga en la actualidad tantos socios y colaboradores como en aquellos momentos alcanzaron varias organizaciones.

25 años es tiempo suficiente para reflexionar y reconducir el ecologismo en las islas que no es causa de unos grupos, personajes o campañas puntuales, el problema es global y la actuación ha de ser local y persona a persona. Por ello, una federación que sólo federa los restos de un movimiento ecologista debe replantear su estrategia y reconocer sus errores. Y no digo con esto que tuviéramos razón en nuestras críticas cuando, porque asumimos entrar en la Federación hace 25 años, sino que el ecologismo es más necesario que nunca porque las amenazas que se cernían sobre el planeta ya son transformaciones traumáticas que ponen en riesgo a las especies. Y el ser humano es una especie más, la más inteligente, la que es capaz de autodestruirse.

 

 

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