FIRMAS Salvador García

Puntas portuenses | Salvador García Llanos

Hasta cuatro localizaciones con la palabra ‘punta’ encontramos en un breve repaso a la geografía urbana del Puerto de la Cruz. Es posible que se nos escape alguna. Si así fuera y usted es lector de esta entrada, no dude en hacernos llegar su observación para su incorporación.

Está Punta Brava, el núcleo límite del término municipal con Los Realejos, surgido sobre los bajíos y abierto al turismo para albergar a uno de los primeros complejos del país que prosigue su expansión y acoge cíclicamente sus innovaciones. Millones de personas visitan Loro Parque anualmente, tan variado, tan natural, tan espectáculo desde que se franquea la puerta de acceso.

El tesón caracterizó los afanes de la población de Punta Brava durante muchos años. Primero, con la autoconstrucción y luego con la aparición de pequeñas y medianas empresas que han dado vida a la actividad económica del barrio. También aquí se forjaron valores cívicos, cuando se fraguaba la democracia y un incipiente movimiento vecinal impulsaba el quehacer de los primeros dirigentes que luego se convertirían en ediles. La lucha por disponer de una vía de acceso cómoda y segura se vio acompasada por la dotación modernista de una playa que se funde con jardines y platanares y es también señal distintiva.

Punta Brava, con la entrada en funcionamiento del Hogar Santa Rita, y con el perpetuo homenaje, en la entrada del sector, a cuantos intervinieron en el naufragio del ‘Titlis’, es un ejemplo de solidaridad.

Está la Punta de la Carretera, una suerte de confluencia viaria, donde se erige el rascacielos interpretado como la expresión máxima del desarrollismo de una época. Hubo un tiempo en que era el acceso principal al centro. Ahora, desde los ochenta, desde que se puso en marcha un plan de tráfico, es un fluido distribuidor de salida hacia oriente y occidente, aunque no figure la rústica señalética -después sustituida por otra iluminada- que indicaba localidades y kilómetros. En los alrededores, intentan sobrevivir algunas casas terreras. Otros solares nos refrescan recuerdos de la convivencia cotidiana de los portuenses y de unos cuantos personajes populares de la zona.

Está la Punta del Viento, allí donde se entrecruzan todas las brisas y todos los alisios. Allí donde se han probado todos los tratamientos urbanísticos que buscaron la contemplación admirable, desde paradores diversos, del paisaje más cercano y de los relieves insulares más alejados. Ha sido una apuesta por lo diáfano, en tanto cedían las últimas viviendas, una suerte de zoco y venta ambulante y establecimientos turísticos de postín. Antesala de un paseo singular al que se empeñaron en arrebatar un muro. Fue San Telmo bulevar, también con sello manriqueño. Expresión del cosmopolitismo y la multiculturalidad. La Punta del Viento, donde si se quiere fresco, en plena canícula, se puede encontrar. Y donde en invierno, especialmente en la noche, hay que abrigarse.

Está la Punta del Muelle, el límite con el Atlántico del pequeño refugio que otrora protegió el quehacer de numerosas familias dedicadas a las artes pesqueras. El paseo que acerca al horizonte, aún válido para bañistas que se lanzan desde lo más alto. ¿Qué Punta?, puede que se pregunten algunos: ¿el final de ese paseo o la del dique de abrigo de enfrente, popularmente conocida como “Puerto Banús”? Da igual: en ambas convergen ilusiones, disfrute, pesquerías, conversaciones de todo tipo. Y desde ambas se dice adiós o hasta luego a la Virgen marinera que es embarcada en julio, además de servir de plataforma para fuegos artificiales en varias celebraciones.

Y en el cancionero popular, medio perdida, aparece otra punta, a secas: la del antiguo Boquete, la del muro de protección de San Telmo. “Me tiro en la escalerita, en la punta, o en el rebozo/ y nadar a la Cebada era lo más peligroso”, cantaron los Encinoso y los Volcanes del Teide mientras bellos recuerdos llegaban a la memoria y los compartían con gentes de toda condición. Allí, todas las posturas, todas las audacias y todas las hazañas posibles de los bañistas.

Puntas portuenses. Localizaciones para identificar sectores que hacen del paisaje local espacios donde convivir, evocar y contemplar hasta la propia evolución urbanística del municipio. P.S.- El estimado amigo Mario Torres Rodríguez responde a nuestra invitación y señala otra: la Punta de los Meros, en la cercanía del charco Las mulas, en pleno bajío, en lo que se llamaba La Marea, cerca de El Peñón. Un lugar idóneo para aprender a pescar. Era frecuente ver a los jóvenes con sus cañas y pendientes de los movimientos de la marea. Una localización más.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario