FIRMAS Salvador García

Captar mercados, sí; pero con qué productos. Por Salvador García Llanos

A vueltas con la modernización de las infraestructuras turísticas. Llevamos años con el asunto, con un montón de planes, casi siempre concertados entre administraciones, con un volumen de inversiones considerable que luego no se traducen en actuaciones plenamente satisfactorias pues requieren de suplementos o la falta de seguimiento termina haciéndolas obsoletas más pronto de lo que se esperaba.

Cierto que las instalaciones están para eso, para ser utilizadas, y que en algunos núcleos, por diversos factores, sufren un desgaste considerable; pero lo cierto es que muchos proyectos, concebidos para su materialización a medio o largo plazo y para mejorar la oferta de un destino, tardan casi hasta su desfase, de modo que las intenciones de integrarlas -incluso para configurar un modelo- acaban condicionadas.

El asunto ha llegado de nuevo a las Cortes, donde el Grupo Parlamentario Socialista propone un incremento de los fondos financieros del Estado consignados para la modernización de las infraestructuras turísticas maduras (FOMIT) y la rehabilitación de los espacios públicos obsoletos. Se quiere así cualificar y garantizar la sostenibilidad de dichas infraestructuras. Sobre el papel, impecable. Y seguro que hay que actuar. Otra cosa es acertar -la diagnosis de las corporaciones, en ese sentido, es primordial- y tener visión de futuro.

En algunos sitios, desde luego, demuestran no tenerla, acaso porque falta eso, una mínima formulación de un modelo que sirva para renovar atractivos o encantos y captar mercados. En ese aspecto, o nos tomamos muy en serio un mayor valor añadido y un aumento de los ingresos, “no porque vengan más turistas” dice la iniciativa socialista, o el estancamiento será palpable.

De hecho, el gasto medio por turista, según algunas estadísticas, ha disminuido. Como se han reducido algunos apartados presupuestarios en el ámbito turístico estatal: en 2016, concretamente, significaron 294 millones de euros menos, más de un 47% en relación con las cuentas de 2011. Al no haber incluido medidas de protección o regeneración medioambiental o las que debían haberse previsto para frenar el desbordamiento de la capacidad de carga del litoral, la situación se complica.

El sector, pues, requiere de planes e inversiones que impulsen aspectos esenciales en el turismo de nuestros días: a los citados, añadamos la innovación tecnológica y el aprovechamiento energético. Solo así será posible elevar el nivel competitivo y manejar con audacia y efectividad los recursos de mercadotecnia que caractericen obligadas campañas y promociones, especialmente, en nuevos mercados.

«No se puede esperar más porque el sector turístico está asistiendo a una serie de transformaciones que, unidas al continuo desarrollo de las nuevas tecnologías, están afectando a la cadena de valor, a los procesos de comercialización y venta, y al propio comportamiento de los consumidores en un mercado cada vez más competitivo», señala la iniciativa socialista.

Entonces, si estamos de acuerdo, cabe presumir que los recursos serán más potentes y que, si llegan las vacas flacas, lanzarse a la captación de mercados andaremos mejor pertrechados.

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