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Lo sé, y me importa. Por Odalys Padrón

¿Qué es peor la ignorancia o la indiferencia?» La ignorancia es la ausencia de conocimiento que nada tiene que ver con la incapacidad, sino con la falta de voluntad. La indiferencia es una actitud contraria a la responsabilidad social dado que al indiferente no le perturba ni le interesa la situación del otro. No es conformismo, es cobardía al no afrontar la realidad. A la pregunta ¿Qué es peor la ignorancia o la indiferencia? Diógenes de Laercio contestó «No lo sé, ni me importa» Esta actitud de despreocupación, de no implicarse, de mirar para otro lado ha sido y es una constante desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. Una conducta que, a veces por inconsciencia y otras por cobardía, conlleva una complicidad con las injusticias, un apoyo tácito. Un comportamiento secundado por algunos medios de comunicación.

Kurt Tucholsky decía «los esfuerzos de todos los profesionales de la prensa van dirigidos a utilizar todos los medios técnicos y organizativos a su alcance para construir una reproducción que tome un cariz de verdad para el público, pero sin que por ello queden en entredicho los interese de los clientes, de la industria o de los partidos políticos». A este respecto, los datos del último Eurobarómetro recogido por la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) reflejan que en España el 71% de los encuestados no cree que la información de los medios privados esté libre «de presiones políticas y comerciales» desconfianza que aumenta hasta el 75% en relación a los medios públicos de comunicación. Es destacable que el 59% no considera fiable la información que reciben de los medios de comunicación frente al 38% que los considera fiables. Como dijo Mark Twain «Si no lees el periódico, estás desinformado. Si lo lees, estás mal informado».

Situaciones como las vividas con el llamado «Caso Nadia» han evidenciado lo que estamos comentando. Medios privados y públicos dieron validez y credibilidad a una historia sin contrastar la información previamente. Asimismo, es destacable que el primero en alertar de esta posible estafa fuera un blog que seguramente no cuenta con grandes recursos. El autor que puso de manifiesto las incongruencias de la historia comienza su publicación con una frase que resume lo que hemos tratado: «El periodismo sobre buenas causas no puede estar exento de las reglas normales de la profesión, que se resume en una sola: hacer todo lo posible para que todo lo que se cuenta sea verdad». Esta negligencia informativa posiblemente ha perjudicado al colectivo de enfermos y familiares de enfermedades raras que necesitan de fondos para investigación ya que el Gobierno de Rajoy invierte en I+D la mitad de lo que invierten otros países de nuestro entorno. España dedicó en 2015 el 1,22% de su Producto Interior Bruto (PIB) a ciencia la mitad que Bélgica que invirtió el 2,45% y lejos de países como Alemania y Suecia que invirtieron el 2,87% y el 3,26% respectivamente.

Seguramente una de las causas de la perversión de los medios de comunicación reside en que tan solo cuatro holdings controlan el 96% del negocio a nivel mundial. Hay datos que demuestran la enorme capacidad que tiene la propaganda y el control de la información para controlar la opinión pública generando un entorno de pensamiento único. Un ejemplo, convincente y contundente, sería la campaña realizada en 1916 bajo el mandato de Woodrow Wilson en Estados Unidos. En aquellos días, Europa estaba inmersa en la Primera Guerra Mundial y la sociedad estadounidense no tenía ningún interés en una guerra que se les antojaba lejana. El presidente Wilson era partidario de involucrarse y con el propósito de cambiar el modo de pensar de los estadounidenses puso en marcha una campaña propagandística llamada «Comisión Creel». Los resultados fueron sorprendentes, en seis meses se pasó de una sociedad pacifista e indiferente de la guerra en Europa a una sociedad enfurecida por el fenómeno bélico y totalmente contraria a los alemanes. Años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, Joseph Goebbels, Ministro de propaganda nazi, no sólo utilizó el método ideado por sus enemigos aliados en la Primera Guerra Mundial sino que lo mejoró haciendo de la propaganda y el control de la opinión de la sociedad un arma muy poderosa.

Es fundamental que conozcamos quién está detrás de la información que se nos proporciona ya que nos permitirá tener elementos de juicio para dilucidar lo que nos quieren decir y lo que nunca nos van a contar. Como decía Malcom X «Cuídate de los medios de comunicación porque va a acabar odiando al oprimido y amando al opresor.

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