FIRMAS Marisol Ayala

La doble vida. Por Marisol Ayala

Eran cinco amigos. Uno arquitecto, dos ingenieros y un empresario.  Su tarea diaria empezaba a eso de las doce de la mañana, cuando iniciaban las risas para decidir en qué lugar de la isla se ponían ciegos. Estaban en los 55 años y los excesos causaron dos bajas. A uno un infarto se lo llevó por delante y a otro una hemiplejia lo sentó de culo. Eran padres de familias que no asumían otra obligación que buscar donde bebérselo todo.  Entre esas joyas había uno que de joven se dedicó a organizar fiestas e hizo dinero. Era el ocurrente, el chistoso, el artista. No tenían secretos;  sus miserias las conocían al dedillo. Unos cafres. Pero la sociedad funciona como funciona de manera que sus juergas tenían prestigio de forma que cuando maltrechos atracaban en un bar de madrugada la caja se multiplicaba por tres y eran tratados como reyes.

Pero no lo sabían todo de todos. Ocurrió que una amiga celebró la Primera Comunión de uno de sus hijos y los invitó a una finca. En ese almuerzo se enteraron de que los niños eran hijos del amigo divertido, fruto de una relación extramatrimonial con la mujer de la casa de cuya situación su esposa no tenía ni idea. Durante unos 25 años le mintió. La infeliz vivía en las Palmas, trabajaba y estaba en sus cosas. No tenían hijos.

Pasó que uno de los amigotes llegó a casa y se lo contó a su esposa. La mujer indignada no daba crédito a semejante inmoralidad y estuvo tentada a enviarle un anónimo pero no lo hizo.  No solo tenía reconocido a los hijos extramatrimoniales sino que la finca en la que vivían estaba a nombre de esas criaturas.

Alguien pensó qué ocurriría cuando se conociera el engaño en el que había vivido y el enredo administrativo que se le viniera encima pero no la avisaron. Amigos para siempre. A los tres años una enfermedad puso plazo a su vida y ella, ajena a todo, lo cuidó con mimo. Un día en el hospital el machote le contó la verdad. Que tenía otra familia y que las deudas le apremiaban. Imaginen. Su futura viuda tuvo que hacerle frente porque había avalado el crédito con el que el golfo compró la finca de su amante. Ella pensó que eran apuros de negocios. Pero no.

Estudiosa profesional, metida en sus investigaciones, nunca pensó en esa jauría que arrasa la vida de cualquiera.

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