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‘Vs.’, una novela de Sergio Barreto. Por Eduardo García Rojas

Sergio Barreto obtuvo el premio de Novela Benito Pérez Armas por Vs., un título en apariencia críptico, que apenas facilita información sobre los contenidos aunque clave, una vez se concluye, para entender uno de los motores que pone en movimiento la historia.

Una historia que es una frenética huida hacia adelante que emprenden cuatro amigos que se reencuentran. Es verdad que apenas existe algo sólido que mantenga esa camaradería, pero sí un objetivo común, muy absurdo, que es terminar esa noche en El Cráter, un prostíbulo de carretera. Una de esas carreteras inmensas que atraviesan el desierto de Cicatuac, una región inhóspita y, se sospecha, sureña cuyo carácter ha terminado por moldear el carácter de sus habitantes.

Cuatro de ellos, protagonistas de una novela que, efectivamente, va hacia adelante mientras tantea direcciones en las que refleja muchas de las venas abiertas de este territorio, un territorio fronterizo, muy western.

Cicatuac es, en este aspecto, un personaje más de la novela. Y un personaje protagonista porque su peso atraviesa cada una de sus páginas, en las que se describe una violencia climatológica que en el paisaje puede adoptar nombres como Polvo del Diablo; y en sus protagonistas fiebre de ser “fantasmas, seres condenados a errar durante años por una desolada tierra de bárbaros.”

Una comarca “real” donde anida lo podrido y corrupto. En la que no existe ni el bien ni el mal, y que Sergio Barreto se preocupa en describir, en ocasiones rayando lo pornográfico, sexo y borracheras hasta el amanecer.

Marcelo, Mediacara, Octavio y el narrador de la historia emprenden así su peculiar viaje a la nada. Son personajes sin casta, seres en un mundo que se mimetiza con sus pobladores.

Novela de carreteras, aunque esas carreteras discurran por territorios imaginados, como lector me he adaptado a ese pedazo de infierno porque cada uno cuenta con su desierto privado, ese coto en el que estás completamente solo y que solo te ofrece reflejos porque no existen los espejismos.

Reconstrucción pues de un espacio en el que lo físico se mezcla con lo mental, dejando muy de lado lo espiritual, Vs. es territorio minado. Y caminar entre minas genera una lectura incómoda pero también agradecida.

Supo apretarte las tripas.

Y eso, insistimos, porque no es fácil asistir a este proceso de degradación en el que sus protagonistas se vuelven más salvajes pero se agradece que se describan sus actos sin ánimo redentor… Así que pese a sus extremos, todos ellos resultan creíbles porque el paisaje resulta creíble.

Debe ser que todos guardamos un Cicatuac dentro. Quizá no tan polvoriento como el que retrata Sergio Barreto pero sí que poblado por una fauna en la que habita lo más monstruoso de nosotros mismos.

El horror.

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

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