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‘El baile de madame Kalalú’, una novela de Juan Carlos Méndez Guédez. Por

La belleza sin alma es impacto y luego nada y en torno a esta idea gira la última, y notablemente irónica, novela de Juan Carlos Méndez Guédez, El baile de madame Kalalú, título que ya anuncia ritmo latino que el autor encarna en Emma, una ladrona de altos vuelos de piedras preciosas y obras de arte, y maestra del disfraz porque cambia de identidad como un sentimental de pañuelos.

El baile de madame Kalalú es también la búsqueda de una historia de amor y del hombre que pudo prender esa llama y, al mismo tiempo, una danza frenética de recuerdos con forma de pequeñas historias con las que se ¿construye? su mundo. Un mundo que puede ser fruto de la invención de una mujer que no puede ser una sino no es mil veces distinta.

Juan Carlos Méndez Guédez se mueve muy bien en estas aguas que navega con un estilo de espartana sencillez, aunque detrás de esas palabras que marca el ritmo del sujeto verbo y predicado se esconden ideas que derivan hacia una ambigüedad que tonifica el relato precisamente por su aparente levedad.

Por eso hay más vida que las excéntricas y divertidas aventuras de su protagonista, quien recrea en primera persona el universo que ha organizado como artista de guante blanco de lo ajeno y en el que se cruza con villanos a los que burla por su vocación de Arsenio Lupin, solo que con faldas y un físico poca agraciado.

Sí, todo lo que nos cuenta puede resultar poco creíble y en ocasiones irritantemente ingenuo, pero como advierte: “El universo no está preparado para que yo revele mi verdad”, una verdad cuyo velo ya nos anuncia la estupenda portada del libro pero sobre todo la estupenda canción que da origen al título y que sirve de banda sonora mientras se lee la novela.

Saludos, búsquenla, desde este lado del ordenador.

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