FIRMAS Juan Velarde

Pablo Iglesias, ser presidente no es un curro como otro cualquiera.

“Ser presidente del Gobierno de España es como cualquier otro curro”. Así, de esta manera tan desahogada, definía Pablo Iglesias a un afamado youtuber, Rush Smith, lo que significa poder llegar a ser el próximo inquilino del Palacio de La Moncloa, como si llegar a ser el responsable de los designios de cualquier país pueda estar al alcance de cualquiera, como si esto fuese un puesto de trabajo al que se aspira sin más, como si en el INEM pusieran una oferta del tipo: ‘Se busca presidente de Gobierno, sueldo a convenir, vacaciones pagadas, casa y coche puesto por la empresa’.

Me temo, estimado Pablo, que la cosa no es tan sencilla como lo pintas. Mira, cualquiera no puede valer para ser presidente del Gobierno y, más aún, no es un curro como otro cualquiera. Para empezar, tienes sobre ti la responsabilidad de gestionar y administrar una nación en la que viven 47 millones de españoles a los que nunca vas a tener contentos porque el ser humano, por naturaleza, es quejoso y nunca estará conforme.

Para ser jefe del Ejecutivo hace falta mucho más que ganas, se requiere una preparación, una experiencia previa en otros puestos. Como bien dijo Mariano Rajoy en el debate, a la Moncloa no se va a hacer prácticas, ahí se llega aprendido porque desde el primer día van a pedirte cuentas y vas a tener que rendirlas y a buen seguro que no va a gustarte que los medios de comunicación te enmienden la plana continuamente. La túnica púrpura del poder es muy bonita, pero resulta demasiado incómoda, desgasta en exceso.

Pablo, con honestidad, no te veo yo en el papel de presidente de Gobierno porque, sencillamente, te falta rodaje, te faltan tablas. Esto no es la reunión de amigos de La Tuerka que se sientan en una mesa a discutir el guión del programa diario. Ser presidente es algo mucho más serio que soltar cuatro consignas a los cuatro vientos, a prometer como si no hubiese un mañana. A ti te es fácil hacer promesas como churros, pero si algún día llegas a la Moncloa ya verás como te cambia el cuento e tal vez desearías seguir curtiéndote cuatro años más en la oposición.

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