FIRMAS Salvador García

Catalunya, lástima. Por Salvador García Llanos

Ese último episodio de violencia callejera en Barcelona, donde dos azafatas voluntarias que tranquilamente informaban de la instalación de pantallas gigantes en distintos puntos de la ciudad para seguir los partidos de la selección española en la Eurocopa que viene, pone de relieve que en Catalunya, poco menos, el seny ha desaparecido. Vale que se trate de un caso aislado -¿seguro que aislado?- pero tanto radicalismo, tanto rechazo, teñidos de brusquedad y violencia, afloran situaciones preocupantes, impropias de una convivencia sacudida por gente que confunde sentimientos y aspiraciones populares con comportamientos que hacen fruncir el ceño. No saben el daño que están causando a las propias aspiraciones independentistas quienes recurren a estos métodos intimidatorios, descargados sobre mujeres indefensas. Que vayan midiendo las consecuencias: ya hay más respaldo a la asociación promotora, el video donde se puede visualizar la agresión se ha convertido en viral y los sentimientos de simpatía hacia las azafatas y lo que representaban siguen acentuándose, pese a que se ha echado en falta alguna condena de colectivos feministas que, en efecto, han debido decir algo.

A unos buenos amigos catalanes les decimos que inspira pena o compasión inquietante la deriva del proceso secesionista. Cuesta aceptar que la próspera Catalunya, la vanguardia europeísta, la avanzadilla sociocultural del pluralismo, la tierra de industriales y trabajadores críticos, la que despierta tantos sentimientos universales con su admirable club futbolístico aparezca desnortada, cada vez más fracturada, con tanto deterioro de su convivencia… La falta de sensatez se acelera, como la de diálogo, como la del espíritu constructivo que durante mucho tiempo caracterizó el desenvolvimiento político, institucional y de los propios catalanes. De verdad, da pena.

En fin, un episodio deplorable. Lástima que a estas alturas del siglo se vivan cosas como las que comentamos. Lástima de esta Catalunya agitada e incomprensible, circunstancias a las que han contribuido quienes se conducen a base de intransigencias e inmovilismos.

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