FIRMAS Salvador García

Lo positivo de Cartagena. Por Salvador García Llanos

Fue una interesantísima experiencia en todos los sentidos. Era nuestra primera presencia en una asamblea de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), la septuagésimoquinta, celebrada en Cartagena (Murcia), donde se tomó el pulso al estado de la profesión, donde intercambiamos criterios sobre el presente y el futuro de la comunicación, donde debatimos los modelos de organización periodística y su funcionamiento y donde la relación humana vuelve a resultar primordial para aprender, estrechar relaciones y superar, incluso, las diferencias que existen entre los profesionales, que no son pocas ni intrascendentes.

Allí estuvimos, siguiendo atentamente las respuestas a cuestiones que afectan directamente a la deontología del periodista en la era digital, empezando por la necesidad de la autorregulación, cada vez más demandada. Contrastando las sensibilidades sobre el fenómeno de las redes sociales y sus múltiples derivadas. Debatiendo propuestas de resolución que trataban sobre las condiciones de trabajo o la mismísima crisis de refugiados. Comprobando la evolución del cambio de modelo de negocio y los avances incontenibles del multimedia. Y tomando conciencia del relieve que adquiere una formación profesional adecuada en un contexto social y profesional de nuevas y apremiantes exigencias.
El debate de la primera jornada, centrado en la Deontología del periodista en la era digital, constituyó un verdadero foro ilustrativo en el que Jesús Díaz del Campo Lozano, profesor de Ética y Deontología de la Comunicación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), y Manuel Núñez Encabo, catedrático de Filosofía y Moral del Derecho y de Ciencias Jurídicas de la Universidad Complutense de Madrid, expusieron trabajos y opiniones muy bien fundamentadas para dar respuesta a la suficiencia de los códigos deontológicos para afrontar los desafíos de la sociedad digital y avisar de la pérdida de parcelas de credibilidad por parte del periodismo en general.
Hasta el mal llamado ‘periodismo ciudadano’ tuvo su tratamiento en este foro desde una óptica de la diferenciación y la respuesta de los medios convencionales. Núñez Encabo llegó a plantearse que “ante los retos de las exigencias rápidas y constantes de información por parte de los ciudadanos, se hace necesario superar por los periodistas el esquema clásico de pasividad que únicamente les concibe como receptores de información, pues precisamente por su manejo de las nuevas tecnologías ellos mismos son capaces de generar comunicaciones”.
Cartagena brindó todos los encantos de ciudad histórica que se está abriendo al turismo para admirar los descubrimientos de sus excavaciones así como la recuperación y conservación de vestigios de la civilización fenicia y románica. Una ciudad abierta al mar que ya no es oscura ni está contaminada, que ya respira y desprende potencialidades de progreso desde su enclave privilegiado.
Cartagena, su universidad politécnica y sus instituciones, sus representantes y su gente y los activos jóvenes responsables de la organización, acogieron a los periodistas españoles como un destino dinámico que será recordado con agrado, pese a las discrepancias que brotaron en determinados momentos de la Asamblea, suficientemente compensados por un clima de tolerancia y respeto que siempre es de agradecer. Una asamblea positiva, en todo caso.
Mérida, en Extremadura, toma el relevo. Será el año próximo. La FAPE, entonces, seguirá debatiendo para intentar dar respuesta a las cuestiones que caracterizan el periodismo de nuestra época.

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