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«Yo también voy Show»: una de risas, por favor

EBFNoticias/Ale Hernández.- Sara Escudero, LLum Barrera, Ana Morgade y Antonia San Juan dieron lecciones, anoche en el Pabellón Santiago Martín, de como arrancar carcajadas durante una noche de frío lagunero.

Una velada de Sábado debería de ser, siempre, como la que pasé en el Pabellón Santiago Martín. Pasadas las 21:00 horas, cuatro mujeres abarcaron el escenario a ritmo de selfie.
 
La primera en romper el hielo fue Sara Escudero que no descansó en su empeño en enseñar al público presente los diferentes gentilicios y acentos que posee la geografía española. Escudero, con su habitual desparpajo, no cesó de interactuar con un público entregado a la risa incontenible. Natural y cercana, la abulense confesó adaptar a su léxico una de las palabras más populares del argot canario, el típico «chos«.
 
La segunda en salir a escena fue la incombustible Llum Barrera que, además de dar lecciones de majestuosidad  sobre el escenario, se arrancó a ritmo de copla demostrando que se puede saber entonar a la par que enseñar el significado de cada estrofa. La mallorquina desfiló por las sonrisas de su público tinerfeño, como si de dulce de leche en mañana de domingo se tratase.
Barrera dio paso a una Antonia San Juan que se limitó a realizar lo que mejor sabe hacer, dar rienda suelta a una serie de monólogos que hicieron que la mayoría del público presente hiciese de los servicios del Santiago Martín un lugar de encuentro recurrente durante la actuación de la canariona más popular y controvertida dentro del mundo del espectáculo nacional.  Sin abandonar su estilo, San Juan se limitó a hacer reír a su público pero sin interactuar ni por un solo instante con el mismo.
Para culminar la velada, una Ana Morgade ansiosa de escenario hizo de unos tacones de aguja el hilo conductor de un monólogo que dejó muy claro el buen hacer de la madrileña en lo que a crear sonrisas se refiere. Morgade mostró sus dotes de dialogo con el público presente a través de un monólogo incesante. Hiperactiva, cameleónica y locuaz, la madrileña cerró un espectáculo por el cual  vale la pena soportar el frío que reinaba anoche el Santiago Martín.
Tras acabar la función, tuve el placer de departir con Llum Barrera que demostró, una vez más, que el hábito no hace al monje y que una mujer como ella carece de frontera alguna.
 

Agradecimientos: Moma Producciones.