FIRMAS

El bar de Pepe. Arnaldo Otegui, de cómplice de asesinos a mártir demócrata. Por Joaquín Hernández

Todo aquel que pertenece o perteneció a un partido político que sirve o sirvió de apoyo logístico a una banda de asesinos terroristas, se convierte tácitamente en cómplice necesario de los asesinatos, de los actos terroristas que esa banda cometió o cometa. Da igual que sea el tablig, hermanos musulmanes de Africa, alqaeda, hamás, yihad islámica, el Sinn Fein del Ira, o Herri Batasuna de ETA, toda aquella persona que sabiendo, conociendo la actividad terrorista que causa miles de muertes inútiles bajo el lema y la bandera que se quiera, se convierte en un miembro más de los cobardes asesinos que con alevosía y premeditación, no sin antes guardar su anonimato, son capaces de sembrar el terror en cualquier lugar y con cualquier pretexto. También los gobiernos, sus presidentes y miembros del partido político que gobierna se hacen cómplices necesarios del llamado terrorismo de Estado, claro que sí y algunos de ellos, no muchos, han dado con sus huesos en una mazmorra por crímenes de lesa humanidad.

Cuando la sociedad muestra su hartazgo de sangre inocente, su deseo de vivir libremente y el ansía de paz alcanza una fuerza incontenible, los terroristas no tienen más remedio que decidir por seguir matando impunemente, o bien instalarse entre las mallas legales diseñadas bajo el respeto a la libertad.

El medio siglo de terrorismo sufrido en España por parte de la banda de asesinos desalmados de ETA, deja en su camino un millar de muertos, cientos de heridos, familias destrozadas y miedo, mucho miedo entre la sociedad española. Crímenes inútiles, secuestros, torturas, extorsiones y chantajes sembrando el terror entre propios y extraños, muchos años de terror que tendrá que pasar generaciones enteras para que el mundo se olvide de tanta barbarie, de tanto horror.

Estoy cansado de observar como los antiguos asesinos, los matones a sueldo de ETA, lo sicarios al servicio de ETA, se convierten, se transforman, se camuflan, en “hombres de honor” se mezclan en el entramado político y abrazan la democracia que hasta hace un par de años atrás era el enemigo a batir, la lucha por lo que creían que valía la pena derramar sangre inocente, como la de Irene Villa y su madre o los niños asesinados en la casa cuartel de Zaragoza, en la consigna de la estación de Amara o el asesinado en Azkoitia por una bomba que los terroristas habían depositado en una bolsa de deporte. Y así podría enumerar centenas, un millar de muertes.

La ley de Memoria Histórica no sólo tiene que servir para recordarnos diariamente que Franco fue un cabrón asesino, que hay muertos enterrados en la tierra de quien sabe donde, en las acequias, en las cunetas, víctimas del franquismo y una guerra fratricida, muertes igualmente inútiles que las producidas por los monstruos etarras. La Ley de Memoria Histórica también debe servir para recordarnos que personajes como Arnaldo Otegi fue cómplice necesario de asesinatos, secuestros, impuestos revolucionarios, chantajes, que jamás condenó un atentado terrorista y que contribuyó a la logística política de la banda de asesinos etarra.

Se puede hablar de Felipe Gonzalez y el mr. X del GAL, se le puede imputar la guerra de cloacas, la guerra sucia de Estado, las manos manchadas de cal viva, pero no se puede hacer, al mismo tiempo, enaltecer la figura de un desalmado como Arnaldo Otegi hablando de él como un hombre victima de la represión del Estado contra sus “ideales” y encarcelado por manifestar su apoyo a ETA. Claro que se le metió en la cárcel y fue condenado a 10 años de prisión por el caso Bateragune, la reconstrucción de la estructura de la ilegalizada Batasuna «siguiendo instrucciones de ETA», por pertenencia a organización terrorista en grado de dirigente. La sección cuarta de la Sala de lo Penal, presidida por la juez Ángela Murillo, consideró que Otegi encabezó la estrategia de ETA para reconstruir Batasuna. O sea que cuando Pablo Iglesias cuando enaltece la figura de Otegi esta honrando a un cómplice de asesinatos múltiples, de secuestros, de chantajes para cobrar el “impuesto revolucionario” de robos a punta de pistola, Está homenajeando a un sicario de ETA, aquel que brindó con txakolí la muerte de Miguel Ángel Blanco, muerto en un descampado de Lasarte donde le descerrajaron dos tiros en la nuca, dejándolo tirado como un animal, de rodillas con las manos atadas y los ojos vendados, o como el del amigo y colega José Luis López de Lacalle en la puerta de su domicilio y ante los ojos aterrorizados de su mujer, no, no basta con “condenar la violencia que hubo en el país vasco”. ¿Violencia? ¿Violencia a mil asesinatos y miles de heridos, de mutilados a eso llama “violencia” el líder de PODEMOS?

No podemos pedir a las víctimas de tan horrendos crímenes el olvido de todo lo sucedido, ni siquiera el perdón. Las víctimas de ETA somos todos, porque todos hemos llorado ante las imágenes de los cuerpos mutilados de Irene Villa y su madre, los tiros en la nuca, las bombas lapa y la goma2, del secuestro de Ortega Lara, y de las decenas de muertos y heridos en Hipercor etc. etc. etc.

No puede existir paz para tanto malvado, tantos monstruos que asesinaron a periodistas, jueces, militares, guardias civiles, policías, políticos y gente que, sin más culpa de pasar al lado de la bomba, nada tenían que ver con sus “postulados”.

Honremos a los muertos, apoyemos a las familias y amigos victimas de tanta barbarie, homenajeemos a aquellos que fueron presa de la sin razón, jamás hagamos honra a los sin hora, jamás demos honor a los que carecen de honor, jamás apoyemos con nuestro voto a quienes honran y homenajean a los cómplices de asesinos terroristas. Quizás Otegi ha pagado con la cárcel, jamás pagará el mal que ha hecho aunque cien vidas viviera, sigue y seguirá por el resto de su vida y en la eternidad, allí donde le toque, preso de su conciencia. Nunca habrá paz para los malvados.

 

 

 

 

 

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