FIRMAS

El bar de Pepe. El mestizo. Por Joaquín Hernández

El simplón se recostaba en el sillón del hemiciclo del Parlamento Español y miraba a Pedro Sánchez que, con un tono de voz conciliador, intentaba convencer de sus intenciones de ser investido Presidente de la 7ª legislatura de la España dictacrática que nos ha tocado transitar, con más pena que gloria, en estos últimos 40 años. Sánchez sabe muy bien que el paso adelante que dio al presentarse como candidato a la investidura, era la única oportunidad de salir “ileso” del pésimo resultado electoral de su partido el 20 de Diciembre 2015. Los cantos de sirena de Pablo Iglesias parecían propicios para una gran coalición de la siempre desunida izquierda española, líder de Podemos estaba hinchado de gloria tras conseguir situarse como la tercera fuerza política en el Estado Español, algo que ni el más experto vidente podría haber adivinado sólo 3 años atrás. Romper con la hegemonía del bipartidismo PP/PSOE se hacía harto difícil, toda vez que monopolizaban la mayoría de los votos de unos españoles novatos, confiados, y pasotas a los que les importaban más las promesas que los hechos.

El momento había llegado y se produjo el milagro de los votos “repartidos”, divididos, para putear a los dos grandes e intocables PP/PSOE. La gente con su voto, el pueblo con su decisión dijo Stop a tanta cabronada del partido en el gobierno, de Rajoy y su calaña de mediocres y el batacazo fue de órdago; 63 diputados menos que en el 2011, perdiendo su mayoría absoluta y dejándolo ko en el ring político. Como siempre ocurre con los cobardes, Rajoy apostó por no arriesgar su “prestigio” en una investidura que de toda a todas le tocaba perder, una humillación que el “gran estadista” español no estaba dispuesto a consentir y dejando de lado la propuesta de Felipe VI y decidido a ejercer de gallego se encogió de hombros y como si la cosa no fuera con él y su partido, comunicó su decisión de no presentarse a una investidura perdida de antemano.

A Pedro Sánchez le cuadraban los números, sus 90 espartanos uniéndolos a los troyanos de Iglesias más canarios, y algún otro que resultara ser el menos incomodo en cuanto a reivindicaciones separatistas, tenía el coctel preparado para ser elegido el 7º presidente del Estado español. Incluso se metió en el bolsillo al joven Rivera que en un acto de importancia, de responsabilidad, cerró filas con los socialistas y decidieron firmar un acuerdo para un gobierno “reformista y progresista”. El acuerdo recoge, prácticamente, todo lo que el ciudadano de a pie, ese que dicen es el soberano, está demandando diariamente; o sea han plasmado en un documento lo que a gritos pide la gente. El acuerdo tiene sus tintes “oscuros” y denota el color azulado de Cs, pero no cabe la menor duda que es el mejor sistema para aproximar posiciones y salir a gobernar con un mínimo de posibilidades de proponer leyes sociales que a todos nos beneficia.

Ciudadanos, con su presidente Albert Rivera, ha dado una lección a Pablo Iglesias, una lección de democracia, de hombre de Estado, de interés por España y los españoles y Pablo Iglesias ha tenido la oportunidad de olvidarse de sus fobias, de sus soflamas de dimes y diretes, de su discurso progresista y manido hasta la saciedad y ponerse el “mono” de trabajo y currar por esos españoles que le hemos dado nuestro voto en la confianza de verlo en la Moncloa. No vale el decir que s el acuerdo no sirve, porque el acuerdo firmado por Sánchez y Rivera, aun con defectos salvables, aun con fallos de bulto en la reforma laboral el documento recoge exactamente lo mismo que PODEMOS reivindica, exactamente lo mismo que reivindica la gran mayoría del pueblo español.

Las “líneas rojas” son superables. La reforma constitucional tendrá que esperar, como tendrá que esperar el referéndum de autodeterminación de los pueblos, como tendrán que esperar los catalanes, vascos, gallegos, andaluces, canarios, etc. que quieran sumarse al carro independentista porque no toca, ahora no toca, ahora lo que toca es trabajar para sacar a todos de la miseria, ahora nos toca a todos, incluidos catalanes, vascos, gallegos, andaluces y canarios nacionalistas, limpiar la casa común, fumigar la casa de todos, echar la corrupción de nuestras instituciones. Tenemos que hacer pactos de Estado, no sólo contra el terrorismo también contra la corrupción, debemos hacer un frente único contra la política económica de lo absurdo, de la intimidación producida por Ángela Merkel y su comitiva de hombres de negro. No es hora de holocaustos, ni de la fiesta segregacionista y no es la hora porque no se puede hacer una fiesta mientras nuestros hijos andan descalzos y en nuestra casa la nevera está vacía y la familia pasa hambre, y esto lo tendrán que asumir los independentistas catalanes y los vascos, Puigdemont y Arnaldo Otegui tendrán que elegir entre un compas de espera o el harakiri colectivo. Ahora es el momento de la acción conjunta, de ir de la mano y caminar hacia una economía productiva que nos permita mantener las farmacias abiertas, las pensiones, y los sueldos de todos, incluidos los funcionarios de la Generalitat. Si Pablo Iglesias no sabe interpretar lo que hemos querido la mayoría de sus votantes, que nos haga un favor: apártese y deje pasó a los que de verdad tienen visión de Estado y deseos de arreglar un país que lleva en sus espaldas la quiebra más espantosa de toda su historia reciente. No se trata de repartir ministerios, direcciones generales, enchufes entre los acólitos pelotilleros de baja ralea, que es lo que, al parecer, era su intención, se trata ni más ni menos de crear, de empujar todos a una, de poner un timonel al frente del timón de un barco a la deriva, un barco que seguramente no aguantará sin zozobrar hasta el mes de setiembre de este año 2016. Y aviso, los votantes de Podemos no le permitiremos perder esta oportunidad, porque no habrá segundas oportunidades. Pedro Sánchez sale derrotado no solo por la derecha, sale derrotado por la unión del Partido Popular y Podemos, que unido a los partidos nacionalistas, han hecho el mestizaje perfecto para volver a unas nuevas elecciones, quien diría que al final de la historia Pablo Iglesias y Rajoy tuvieran tanto en común.                                      

 

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