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ENTREVISTA CON ‘SELFI’. Vicente Pérez: «El intento de los partidos por controlar los medios ha perjudicado al periodismo»

EBFNoticias/ Mónica Ledesma.- Asegura que el periodismo lo lleva en la sangre. Una profesión que comenzó a ejercer en su Icod natal, con apenas 9 años, cuando redactó a mano su primer periódico al que llamó ‘Especial Día de Fiesta’. Para Vicente Pérez, aquellas cuatro páginas de la infancia se convirtieron en el comienzo de un sueño que iría construyendo entre palabras y que terminaría siendo su verdadero oficio. Afirma que desde muy pequeño sentía correr la profesión por sus venas, esa vocación innata que en su caso, también llegó inculcada por sus progenitores, quienes le trajeron su mejor regalo cuando era niño. «Ellos no pudieron estudiar, pero les gustaba leer, y mi padre se trajo de Venezuela -adonde se fue de adolescente como emigrante y no soportó mucho la magua de su tierra y su familia- una enciclopedia fabulosa, de Espasa Calpe, que me despertó el ansia del saber. Mi madre escribía poesía popular, con versos octosílabos perfectos sin que nadie le enseñara qué es la métrica, y mi hermano estudiaba Filología Hispánica, y me traía ‘El País’, que en mi tierna infancia me parecía un objeto de culto», recuerda.

Letras que fueron forjando el sentir de un adolescente que se transformó en aladid de su gran sueño. «Un domingo, en Icod, doblé un folio blanco, le puse una cabecera que llamé ‘Especial Día de Fiesta’ e hice un pequeño periódico que distribuía entre mis familiares y vecinos. Luego lo llamé ‘Canarias, paso a paso’, y le añadí más folios y mucho colorido, y después ‘El Pueblo’, ya a máquina de escribir. Tenía tal vocación que llegué a pedirle una entrevista a Joaquín Estefanía, director de ‘El País’, y me contestó por carta que le mandara un cuestioanrio, pero ya luego no recibí respuesta… A los 12 años esa iniciativa llegó a oídas de un periodista magistral y maestro de escuela, Salvador Pérez, que entonces llevaba la sección del Norte de Tenerife en ‘El Día’, y, como un padre periodístico para mi, me ofreció colaborar en ese periódico, que por esa época dirigía José Manuel de Pablos Coello. Y así estuve muchos años. Me gustó siempre escribir, a veces más que leer, por lo que tal vez he suplido con vocación el no ser precisamente un erudito. Creo que siempre me sentí periodista. Fue así como empezó todo. El periodismo, realmente, me salvó siempre, porque fue como una estrella de Belén. Sabía que siguiéndolo, estaría el camino que me haría feliz profesionamente. Y así fue», añade.

El periodista Vicente Pérez.
El periodista Vicente Pérez junto a una linotipia.

-¿Aparte de los inicios por vocación, cómo fue su formación en el oficio?

– Mis padres tenían una pequeña venta y un guachinche, y mis abuelos, eran campesinos humildes. De ellos aprendí la honradez, la cultura del esfuerzo, la solidaridad y el amor por la vida y la cultural, en sentido amplio. No obstante, la formación en conocimientos académicos la tuve en la Universidad de La Laguna, primero en la Facultad de Filología, donde aprendí a pulir el español y a leer a los clásicos del idioma, y luego en la de Ciencias de la Información, donde tuve buenos y malos profesores, pero estos últimos no me disuadieron de lo que yo quería ser, un periodista, además de vocacional, titulado.

-¿Cuál ha sido su trayectoria profesional y qué recuerdos guarda?

– Empecé muy joven, pero hasta bien entrada la década de los noventa no fue cuando empecé a colaborar para la prensa provincial publicando noticias, especialmente del Norte de Tenerife, o de temas diversos como  la entrevista que le hice a César Manrique con 15 años, la cual se publicó en ‘El Día’. De adolescente colaboraba en el informativo provincial ‘El Mañanero’, en la antigua Radio Cadena Española, donde daba datos del tiempo y noticias variadas de la comarca de Icod. Elaboré revistas, con un compañero ya tristemente fallecido, el Gregorio Yanes, para ese consistorio cuando era alcalde el socialista José Grillo, quien nos dejó hacer un medio de comunicación que no era la clásica propaganda oficial, sino una publicación periodística sin sesgo partidista que reflejaba el acontecer del municipio y de sus vecinos, y casi sin fotos de políticos. Luego colaboré en la prensa de Las Ferias de Artesanía de La Guancha, allá por los años ochenta del pasado siglo, una iniciativa que fue descomunalmente bella para un pueblo de 5.000 habitantes. Estuve a punto de fichar por ‘La Gaceta de Canarias’, para la que escribí en sus inicios, pero opté por continuar mis estudios de Filología y luego Periodismo.

-Tras concluir sus estudios optó por irse a Gran Canaria. ¿No es así?

– A fines de los años noventa tomé la decisión de irme a Gran Canaria a trabajar a ‘La Tribuna de Canarias’, donde «gané mi primer sueldo en la prensa, bajo la dirección de Federico Ramírez, un periodista de raza al que le vi echar alguna bronca a los compañeros que solo sacaban notas de prensa oficiales y no buscaban tema propio. Federico, que me ayudó a crecer como periodista apoyándome en reportajes de investigación como la contaminación de Unelco y de Emalsa sobre Jinámar, corregía todo el periódico él mismo, y luego nos dejaba las páginas con los errores corregidos en rojo. Empecé en agosto en ese diario y me encargaron cubrir el municipio de Telde. Así que me acordé del consejo de Salvador Pérez: «Las noticias están por todas partes, solo hay que mirar alrededor». Tras menos de dos años en ese periódico, regresé a Tenerife por circunstancias personales, y a los pocos meses me contrataron en ‘Diario de Avisos’ , cuando lo dirigía Leopoldo Fernández, un periodista de formación clásica, que estuvo más de dos décadas en el puesto, y que debía lidiar cada día con las presiones que de todos lados llegaban a la prensa para que no contara las verdades y se plegara a intereses partidistas.

– Un periodista tiende a especializarse. En su caso, ¿por qué la información política?

-Realmente soy un periodista todoterreno, aunque siempre me he decantado por la información sobre medio ambiente, los temas de cariz más humano y la investigación. En ‘Diario de Avisos’ me asignaron durante un tiempo la información de ciencia y medioambiente, después pasé a política parlamentaria, luego fui durante años jefe de Área Metropolitana de Tenerife, pasé año y medio informando del Sur de Tenerife, y finalmente volví a Política. Mi gran vocación, lo confieso, es el periodismo de investigación, y, en especial siento predilección por informar de causas judiciales de presuntos casos de corrupción. Disfruto mucho en la sección de Política, no tanto por la vida interna de los partidos, que esa sí me aburre un poco, sino porque me apasiona informar a la sociedad de lo que aprueban los políticos en las instituciones, ya sea el Parlamento, el Gobierno canario o cualquier otro organismo público. Al fin y al cabo, lo que deciden es lo importante para nuestras vidas, más que sus quítate tú para ponerme yo en cada partido.

– ¿Cómo se vive la profesión en tiempos de crisis?

– Tenemos que aceptar que el mundo de la comunicación ha cambiado. Hay una crisis que viene impuesta por la situación económica general, que ha afectado a casi todas las profesiones y actividades económicas, que a su vez ha reducido el gasto en publicidad de las empresas. Hay otra crisis que tiene que ver con el modelo del periódico en papel, por la consolidación de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, y porque en Internet se ha impuesto la gratuidad de contenidos y no acaba de arrancar del todo la publicidad y el pago por servicios. Y hay una crisis que tiene que ver con errores propios, la de la desconfianza en la propia prensa, por décadas en que tal vez partidos políticos y poderes empresariales han intentado decirles a los periodistas cómo hacer periodismo y pervertir los principios sagrados del oficio. Pero no soy pesimista, habrá que reinventarse. Ha cambiado el soporte de transmitir las noticias, antes era solo el papel, hoy es la luz de las pantallas de ordenadores y dispositivos portátiles, y también la forma, con las redes sociales, los vídeos y la interacción con los lectores. Pero lo esencial no ha cambiado ni cambiará nunca en el periodismo: contar con rigor verdades que interesen a la gente y contarlas bien. Yo estoy totalmente abierto a los cambios. Forman parte de la vida, no son inconvenientes sino oportunidades.

– ¿Qué ha hecho más daño al periodismo: el intrusismo laboral, el control político de los medios o la falta de motivación (salarial) por parte de las empresas informativas?

– Todo acaba haciendo daño, y quitándonos prestigio ante la sociedad. Lo que más nos ha perjudicado es el intento de los partidos por controlar los medios, pues ha hecho que haya verdades que no se contaron, o se contaron a medias, y que algunos políticos salieran más de la cuenta en amplios titulares, pese a su mensaje anodino y su falta de ideas para mejorar la sociedad. El intrusismo laboral es un viejo debate, porque puede que alguien no titulado escriba mejor y dé mejores noticias que alguien titulado. Yo soy partidario de que poco a poco todos los periodistas tengan titulación, y además abogo por que la carrera sea dura, y nos forme de verdad para ejercer este oficio, con una cultura humanística -incluyo la ciencia- lo más amplia posible, un dominio de la técnica y del idioma (o, mejor, de varios idiomas) y un adecuado conocimiento de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Pero no se me escapa que grandes periodistas no han pasado nunca por una facultad universitaria. En cuanto a la falta de motivación salarial, es cierto que muchos medios, sobre todo emisoras de radio y televisiones locales, han sobrevivido pagando salarios muy bajos, y este es un asunto que tendría que resolverse, porque un periodista, si tiene una formación detrás, merece, como todo trabajador, un sueldo digno. La falta de motivación, en todo caso, a mi no me ha afectado nunca, porque soy un periodista motivado desde la infancia, si se me permite esta expresión, pero qué duda cabe que las malas condiciones laborales son un factor para que algunos, o muchos, tiren la toalla. Creo, en todo caso, que los periodistas deberíamos organizarnos y defendernos mejor, a través de asociaciones y sindicatos, pues publicamos muchas noticias sobre las reivindicaciones de otros trabajadores, pero nos callamos las nuestras.

– Rosa María Calaf afirmaba recientemente que se informa más por lo que impacta, no por lo que importa. ¿Está de acuerdo?

– Llevamos décadas ya de preponderancia de la imagen. Lo que no tiene imágenes no parece importar tanto, o cuesta hacer que importe. El deber del periodista es hacer que lo que importe, impacte, pero no en un sentido de impresión emocional, porque eso es amarillismo y sensacionalismo, sino en el sentido de que persuadir al lector, oyente o telespectador de que lo que le contamos es importante para que pueda tener elementos de juicio y formarse una opinión de la realidad. Es cierto que la presión por ganar lectores o audiencia es muy grande, pero no hay que confundir el espectáculo, los showman, con los periodistas, porque hay una diferencia muy grande en sus funciones. En todo caso, las redes sociales tienen que ser para el periodismo un aliado para difundir noticias y debatirlas con los lectores, que tienen así además la posibilidad de cuestionar nuestro propio trabajo.

– ¿Cree que el periodista ya no hace preguntas o, quizás, es que no le dejan preguntar?

– A los políticos no les gusta que le hagan preguntas incómodas, algunos periodistas no se atreven a hacerlas si no tienen el respaldo del medio en el que trabaja, y otros no las hacen porque simplemente no tienen valor, aunque les respalden sus empresas. El caso es que demasiadas ruedas de prensa son muy cómodas para nuestros gobernantes. En ese sentido, pongo como ejemplo a un periodista de EFE que en cierta ocasión en que un presidente del Gobierno canario, ya fallecido, se operó en una clínica privada, fue capaz de preguntarle si no era contradictorio que por un lado defendiera la sanidad pública y por otro se operara en la privada. Yo no hubiera tenido valor para preguntar eso, ni tantas cosas. Pero era una pregunta pertinente. Eso sí, las comparecencias de políticos sin derecho a preguntas me parecen una tomadura de pelo. Para eso, que manden nota de prensa o un video ya montado.

– ¿Las redes sociales y el fenómeno blog han hecho daño al periodismo tradicional?

– Las redes sociales, en muchos casos, se nutren de noticias que se publican en los medios tradicionales, cuya difusión se multiplica exponencialmente gracias al efecto de esas comunidades de internautas conectados por Facebook o Twitter, por citar los más masivos. Pero yo creo que al periodismo tradicional lo que más daño le puede hacer es apartarse del periodismo, es decir, no hacer periodismo, y caer en la vulgarización de la noticia, cuando no en la manipulación sensacionalista. El periodismo sobrevivirá si hace buenas noticias. Tal vez no será un negocio para hacer multimillonario de golpe a nadie, pero sí será un negocio que dará prestigio al empresario que preste ese servicio a la sociedad. Lo ideal sería que los lectores premiaran al buen periodismo y que se castigara al que pervierte este oficio. Pero conozco más las reglas éticas de mi profesión que las de la economía. Las redes sociales hacen que cada persona sea un medio de comunicación en potencia e Internet ha multiplicado las posibilidades de una persona de informarse directamente de muchas cosas, a través de las webs corporativas, de instituciones públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales y los propios ciudadanos. SIn embargo, creo que el periodista, con sus reglas deontológicas y su función social, seguirá siendo necesario, al igual que los medios de comunicación. Por muchos adelantos tecnológicos que haya no por ello han cambiado los fundamentos clásicos del periodismo: contar la verdad de interés general a los ciudadanos, de una forma amena, con la técnica de contrastar la información y reflejar las versiones de todas las partes. Eso no se hace en las redes sociales ni en muchos diarios digitales que no siguen esos principios. Periodismo es periodismo y lo demás es otra cosa que no merece tal nombre.

– ¿Qué habría que hacer para devolver la confianza ciudadana -y del propio periodista- a este oficio?

– La única manera es la que he dicho antes: hacer periodismo y, a partir de ahí, buen periodismo. Es decir, contarle a la gente las noticias de interés general, incluyendo la corrupción política-la presunta y la confirmada- con honradez profesional (no pretendiendo ser jueces), creatividad en la forma de exponerlas, buen uso del idioma, siempre desde el respeto a la verdad, todo ello con la finalidad de contribuir a una opinión pública bien informada, que tenga elementos de juicio, y , en general, a mejorar la sociedad en que vivimos. Solo se puede confiar en quien es honesto y hace bien su trabajo. Yo soy optimista, y creo, con Gabriel García Márquez, que este y seguirá siendo es el mejor oficio del mundo, y que ningún tiempo pasado fue necesariamente mejor.

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