FIRMAS Marisol Ayala

Bescansa ¿a qué tienen miedo? Por Marisol Ayala

Me sorprende la escandalera que se ha montado con la imagen de la Diputada de Podemos Carolina Bescansa con su bebé en el Congreso. Definitivamente España está mal. Mal debe estar un país cuando soporta lo que ha soportado, indecencia en estado puro y, en cambio, se corta las venas por una imagen que no hace más que trasladar la normalidad, lo cotidiano, al congreso. Y mal, muy mal debe estar el país cuando encima hay medios –todos hemos leído en las últimas horas auténticas barbaridades, burlas y faltas de respeto hacia Bescansa- en los cuales mujeres, muchas, muchas, han sido incapaces de “ver” su gesto como algo positivo. Quienes no lo ven, son ciegos; creo que esa imagen tiene más valor que mil campañas sobre la conciliación laboral.

Por cierto, espectacular la crítica con sordina de la Chacón que les recuerdo, en un dominical de El País contaba en su día cómo desde el despacho del Ministerio de Defensa atendía a su hijo, cómodo y feliz, en una terraza del mismo Ministerio. ¿Recuerdan? Imágenes deben haber por ahí.  Las hemerotecas las carga el diablo señora Chacón, tan progresista ella, tan pija ella, tan socialista ella. La tentación de hablar siempre que ven un micro tiene esas cosas: pasa factura.

Carolina Bescansa

Leo y escucho comentarios que hablan de la guardería en el Congreso, de 6.000 euros mensuales de sueldo que cobrará Bescansa, que esconda niño y teta. ¿Nadie ha pensado que su gesto beneficia a todas?, ¿qué siendo verdad o mentira que se trate de una imagen premeditada en el fondo ha sido capaz de poner el foco en un problema que viven las mujeres? Nadie según veo. En España hay muchos motivos para avergonzarse de un país, de sus políticos, que no de sus ciudadanos pero, sinceramente, también los hay para sentir la misma o más vergüenza con los que se burlan de una mujer que no ha hecho otra cosa que llevar a su hijo al congreso un día importante para ella algo que, por cierto, ya han hecho otras. “El bebé de Bescansa juró”, leo en un diario nacional hoy arrimado a la derecha. Barbaridad.

En el fondo ocurre que a los que llevan años viviendo de la política les indigna tanto el cambio que le tienen miedo a un chico con rasta, a un hombre con coleta, a otro con mochila o a un indefenso bebé. No soportan que entre las cosas nuevas -que no digo buenas; el tiempo dirá- que están pasando en España figure la compra de una aspiradora para succionar tanta caspa; que levanten las alfombras y descubran sabe Dios qué. No les gusta ni la teta ni el bebé de Carolina; bueno, les gusta otra teta, esa de la que han mamado durante años.

Y quieren seguir mamando. Esa es la cuestión.

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