FIRMAS Salvador García

Un pequeño muy bien pagado. Por Salvador García Llanos

El pequeño Nicolás, un personaje que, en otro país, sería tomado en broma y, por consiguiente, los medios de comunicación no le concederían un tratamiento como el que viene recibiendo desde hace algún tiempo -en el que ha ocurrido de casi todo, para escarnio incluso de cierta política-, va a cobrar tres mil euros diarios por su participación en el programa Gran Hermano VIP, de Tele 5. Si le pagan allá él. Aquí también se han pagado cantidades fabulosas por futbolistas profesionales y pocos se escandalizan. Da igual que haya crisis o que la brecha de desigualdad se siga ampliando: hay quien vive del cuento -el pequeño Nicolás, por ejemplo- y hay quien explota el cuento hasta terminar elevando al protagonista a ciertos alturas.

Pero son tres mil al día. Suena tan fuerte que escuece. No sabemos lo que hará y lo que deshará pero esa es la cantidad. Para un obrero, para un trabajador, para un pensionista, para un profesional,  para un investigador, para un opositor, no digamos para un desempleado de larga duración, es insultante, una desvergüenza, una inmoralidad. Y no hace falta adentrarse en vericuetos demagógicos. Cada quien abona a sus contratados lo que estime conveniente pero aquí la ética es asignatura ignorada. ¡Lo que hay que hacer para ganar audiencia! O lo que es igual, si para registrar audiencia, hay que llegar a esos extremos, es que los productos televisivos andan muy desajustados. Luego se quejan en el medio de que el personal se sienta asqueado o que  prolifere la expresión ‘telebasura’.

Con no verlo, es suficiente, se dirá. Y no falta razón, dentro de la libertad para escoger ante el pluralismo de la oferta. Pero no es eso: hechos como el que comentamos degradan y humillan. Es otro ejemplo de lo que significa crear mediáticamente el monstruo. Tras la creación, alimentarlo. Y así, va creciendo, no importan los dislates. Igual hasta hacen crecer la cotización. A fin de cuentas, ¿qué es una raya más para una cebra?

Y mientras tanto, entretenidos con las vestimentas y las cabalgatas de Epifanía.

¡País!

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