FIRMAS Francisco Pomares

A babor. De paseo con el Dr. Goebbles. Por Francisco Pomares

En esta región somos especialistas en perder el tiempo en saraos estériles. Ahora, los cuatro grandes ayuntamientos de Canarias se intentan poner de acuerdo para que el dinero del ITE caiga del lado de la población, pasando por encima de los cabildos y sorteando la Federación a la que pertenecen, la Fecam. Sólo han amagado con una representación de esa intención, ni siquiera enunciada, pero -a pesar de la inmediata respuesta del alcalde de La Orotava- el asunto ha pasado a segundo plano por el nuevo incidente a cuenta del reparto: y es que el presidente Clavijo dijo ayer que Antonio Morales, de tanto repetirla, se está creyendo su propia irrealidad. Pudo haber citado a Antoñita la fantástica o a Philip K. Dick, especialistas en mundos irreales, pero Clavijo prefirió mal citar una frase célebre de Joshep Goebbles, sobre cómo se sostienen las grandes mentiras, y eso ha sido suficiente para tirar de la espoleta.

Nos estamos volviendo idiotas de remate. Todos. No es verdad que Clavijo haya comparado a Morales con Goebbles. Sólo metió a Goebbles y Morales en la misma frase sobre la importancia de repetir las cosas para hacerlas creíbles. Una nimiedad, un pequeño lance que -en otros tiempos mejores que este- habría sido jocosamente contestado con otra ocurrencia parecida por Antonio Morales. Pero estamos en un mundo cada vez más dedicado a coger el rábano por las hojas y quedarse con lo accesorio. Un mundo en el que la campaña electoral es suficiente excusa para que el presidente del Gobierno se divierta con frases poco ingeniosas, y para que el presunto afectado monte la de Dios es Cristo por una fruslería. Morales ha exigido que el otro se retracte (de algo que no ha dicho) y amenaza si no lo hace con pronunciamientos municipales. Vaya guerra inútil.

Cada día tenemos un debate distinto, una bronca diferente a cuenta de los 160 millones del ITE. Cuando Zapatero soltó el 50 por ciento de esa misma pasta no hubo tanto lío. La repartieron como se estilaba antes de la crisis, para que cada cual se la gastara según su antojo (esas cantidades de entonces se siguen repartiendo igual, por cierto), y aquí no pasó nada. Es que ni siquiera nos enteramos. Ahora, la crisis ha multiplicado la importancia de estos 160 millones anuales, con los que se quieren resolver más problemas que con todo el presupuesto, que son más de siete mil millones. Y mientras deciden cómo hacerlo, se pasan el rato tirándose los trastos a la cabeza. Da un poco de grima: se supone que tanto Clavijo como Morales son dos tipos sensatos, razonables y con empatía. Por eso deberían resolver ya este chusco episodio. Clavijo debería pedirle disculpas a Morales, y dejar claro que nunca estuvo en su intención comprarle con un jerarca nazi, y Morales aceptar las disculpas y dejarlo pasar. Acaben ya de estirar el chicle de este asunto tan ridículo. Dejen de discutir y pongan de una vez el dinero a trabajar. Es de risa que llevemos semanas con esta historia, y lo que nos faltaba ahora era meter en el ajo al ministro de propaganda del Tercer Reich. Para golpear con él o para hacerse el agredido.

Al final van a salirse con la suya quienes dijeron que este dinero sólo nos iba a servir para consolidar nuestra tradicional capacidad para la discordia.

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