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Un retrato de Néstor por Horacio Vázquez Rial. Por Eduardo García Rojas

“No  había dado Gustavo diez pasos, cuando alguien le tomó del brazo. Se volvió. Era un hombre de más de treinta años, con un rostro en el que se mezclaban huellas de antepasados africanos, leves aunque decisivas en la composición de un estilo, con netos rasgos de intelectual europeo. La vitalidad del hombre de arena y sal se hacía patente en el labio superior y en los lados de la nariz, pero la frente despejada, los grandes ojos lúcidos, tras las gafas, y las ojeras nocturnas, hablaban de un habitante de ciudades. Era un rostro hermoso, fuerte, inteligente y cansado.”

(El soldado de porcelana, Horacio Vázquez Rial, Ediciones B, 1997)

Saludos, de sorpresa en sorpresas, desde este lado del ordenador.

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